miércoles, 20 de abril de 2011

Temperance

Quería escribir sin que los dioses que inventaron los hombres lo advirtieran. Sus artimañas para quebrar la libertad son insalvables y me dejan atrapado en una cadena de pensamientos tan larga como la historia del universo. Escapar de esta prisión de tan altas paredes no es posible para cortas alas, no puedo liberarme, mi incesante parloteo interno es atizado por miedos y esperanzas infantiles, las promesas de paraísos y castigos de dioses fríos y lejanos, y la constante amenaza de la soledad, el vacío y la insignificancia.

Con la furia y la necesidad de mis pasiones busco islas en un mar de creencias pasajeras, faros de razón en el desvarío de la rutina, voces refrescantes de otros buscadores. Pero a mis llamados responde el silencio, a mis intentos de respirar responde ese mar de todos metiéndose en mi garganta.
Aferrado a nada sigo perdido. Espero señales que me enseñaron a esperar, estoy mojado hasta los tuétanos y el frío me paraliza.

En mi desvarío veo torres cayéndose, sueño despierto con águilas y emperadores, trompetas y juicios.
Los espejismos se convierten en mejores opciones que la realidad, a veces siento ansías de cruzar el límite y entregarme a esa locura.

Me rindo.

Sin esperarlo me veo ahora seco y caliente, soy una isla.
Resultó ser de mi conocimiento la fórmula para elevar demonios al cielo.

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