miércoles, 29 de diciembre de 2010

Remiendo

Necesito escribir de la nada para la nada, que lo que de acá salga sea el blanco inmenso. No hay razones para rayar, y aún así me siento injusto al irme derramando por ahí sin explicarme o al menos dejar mi sello. Y si importa y si no importa tal vez sin cuidado me tenga.
Me niego a olvidar y me niego a ir más allá, me quiero quedar por mucho tiempo en este limbo sin reglas, esta sociedad anónima de lo no iniciable. Y seguro tampoco es lo que digo, ni es lo que diré, pero al menos me encanta la ausencia desprovista de significado, la mezquindad de la máquina que hiere con puñal de mimbre.
Nunca quise decir nada de lo que digo o de lo que diré, todo lo oscurecen los que escriben. No hay nada que malentender, ni nada que entender, ni nada que leer. Pero acá esta todo lo que necesito decir.
No le escribo a la nada para reprocharle el no ser, le escribo para apañarme el camino.

Función Maquinal

Seco de palabras quiero desatarte por completo, mal carcelero soy cuándo lo azul entra en la noche y me corta el entendimiento. Incluso hastiado de mi mismo y lo que vomitan mis dedos escribo como perro en celo, aunque los perros no escriban y yo odie el verso.
De hecho no entiendo cómo el maestro pasó ser esto que escribe sandeces mientras navega en el retrovisor de casi olvidados sueños, no se como el velo se corrió y lo que antes fueran solo historias de libros y novelas trasnochadas ahora sean mis sesos estrellados y contentos de no ser mas lo que navega en esta mierda que llamo mi cuento.
Consciente me abandono al abandono, aprendí la lección y dejé de remar, a la mierda con las direcciones y los finales, que ahora lo que me importa es el intermedio de esta función maquinal que va ganando almas.
No pretendo asustar pues no creo que de azul en azul todo termine bien rojo, pero si quiero dejar por sentado que no me opongo en lo más mínimo al dictamen severo y pretencioso que aquel juez mezquino, payaso destino, promulgó justo cuándo dije que a mi lo que viene me lleva.
Con la guardia baja, sin fuerzas ni nada que se oponga a lo que llueve, solo me mojo y joder! que se cuide aquel al que alcancen mis ojos, que desintegro sin querer y dejo a discreción de mi infierno la cantidad de invitados que quiera meter.
Qué se caiga el mundo y que lluevan escombros, que yo voy al descampado sin reservas, llevo las manos abiertas para que cualquiera bajo su propio riesgo resulte metido hasta el fondo... 

lunes, 13 de diciembre de 2010

Cuando se dañó el televisor

Siempre que sentía la necesidad absurda de pensar prendía el televisor, era mejor entregarle la cabeza a un mal libretista que empezar a sentir el aire saliendo por todos los huecos del alma decía él. Yo nunca estuve de acuerdo, seguro porque soy un fanático del viento y los silbidos, de todas formas en esas noches me dedicaba a ser testigo de mis estertores, no era fácil contenerse o aplacarse hasta que las putas lágrimas, y digo putas porque con todas las penas se acostaban, marcaban el inicio del hastío total.
Generalmente cuándo llegaba a ese punto le apagaba el televisor y salía a fumarme el mundo en la terraza, a veces el mundo coincidía conmigo y empezaba a derramarse solo porque si, porque le daba la gana; Entonces me quedaba horas acostado boca arriba, tratando de ahogarme con las gotas... un día casi lo consigo pero al final un estornudo me salvó. No quiero hacer parecer que tengo personalidad suicida, de hecho nunca dejaría en mi mano cobarde la decisión de mi muerte. Lo hacía solo para burlarme de la incapacidad del mundo para llevarme de nuevo al lugar del que me sacó. Sabía que si yo no era capaz de hacer nada el mundo tampoco.
Cuándo empezaba a sentir tanto frío que hasta parpadear me dolía entraba él con una cobija, prendía algo de leña y cocinaba chorizos para los dos, a medianoche daba vueltas hasta quedar mareado y me quitaba la cobija para irse a dormir... La última vez que lo vi no dio vueltas ni me quitó la cobija, solo me dio un beso en la frente y se fue.
Siempre supe que el momento en que el televisor se dañara él se iba a largar tras mi mamá.

El día que se canso de resucitar.

Había salido temprano, le estorbaban las cobijas y el agua del baño le era más necesaria que nunca.  Salio a andar las calles solas como todos los domingos en la mañana, las nubes se veían rosadas con los pocos rayos de sol que se alcanzaban a meter entre las montañas. De los adoquines despertaban brotes de maleza avivados por la humedad, caminaba por la mitad de la calle en zig zag mientras de sus bolsillos empezaba a sacar papeles:
- Fantasma, asma, alma, ama, amo mis fantasmas aunque me produzcan gripa  - tosió y lo quemó.
- Resaca, cabeza, completo, aunque entero desaparece lo que veo con cada fraseo. Je ne regrette rien, no i have no regrets, no me arrepiento - Lo arrojó a una alcantarilla y lo vio correr con el agua.

Cuándo llegó a la plaza del pueblo se quitó los zapatos y se fijó en las montañas.

- ¿A qué saben mis besos? a despedida de años viejos, pólvora quemada y aguacero de enero. - lo rompió en pedazos y se sentó en una banca.