domingo, 2 de septiembre de 2012

Juego.

Mi generación no habla de si misma, no conoce gregarismos y ha estado acá desde el origen de los tiempos.  Mi generación odia que la llame mi generación e incluso escapa de cualquier agrupamiento temporal, huye de los paréntesis y de las fechas consentidas. Mi generación no tiene un año específico, no busca salvar el mundo ni arrreglar lo que los de antes o después nos dejaron. No quiere rehacer nada, nisiquiera busca impedir que se termine de dañar algo.
Mi generación no es mi generación, está ansiosa por ver al mundo acabar, desconfía de revelaciones y finales, está ausente de peleas ideológicas y de batallas por libertades. Mi generación entiende que lo que es debe ser, desconoce el bien y el mal, huye de puntos finales y verdades últimas.
Mi generación no busca ninguna salvación, no le interesa iluminarse, ni encontrarse, ni entenderse... mi generación huye de las palabras, se esconde de las perras negras que la limitan, mi generación es asesina, benévola y hambrienta, rica, opulenta y superficial, mi generación no es nunca la misma. Mi generación cambia a cada segundo y se traga el tiempo, porque mi generación ha estado acá siempre.
Mi generación es la generación a la que no importa nada, aquella que vive porque está viva, aquella que siente porque puede sentir y aquella que odia encerrarse en abstracciones.  Mi generación construye castillos en el aire por el solo placer de verlos caer. Mi generación es la generación que juega, que ha jugado y que seguirá jugando.