Desde los pantanosos terrenos de la razón, señora regente, usurpadora del trono:
Elevo mi voz contaminada, contagiada de ciudad, de propaganda y control social, para limpiarla.
Mi voluntad, única, refulgente al sol, está dispuesta a dar la batalla por mi consciencia. Soy digno de mi.
La mesa está servida, durante años he alimentado a la bestia, me hice uno con ella y sus metas fueron mis metas, sus caminos mis caminos y sus pensamientos mi cárcel. Mi frustración el plato fuerte.
Al buscar una salida de la realidad consensuada no estaba huyendo de la bestia, le estaba buscando la cara para verla frente a frente, universo contra universo.
Llega el momento en que me pregunto si los hallazgos han valido la pena, si la soledad ha sido un precio justo por ganar mi derecho a desnudar mi rostro frente al espejo.
Luchar es perder el tiempo, el juego está amañado, si apuestas contra el orden imperante te conviertes en su servidor más fiel. Si miras desafiante en los ojos de la bestia te conviertes en un engranaje de su maquinaria. Escojo mirarla sin juicio en mis labios y asombro en mis ojos.
Erguido frente a los robóticos ojos, cubierto del asfixiante aroma citadino, contaminado por su comida y su mandato ponzoñoso, ejerzo con absoluta liviandad mi soberana voluntad.
Renuncio a luchar con mis pensamientos, los acepto todos como lo que son, vestidos prestados con los que tapar mi desnudez.
Saludo con placer desbordado la imagen desprovista de sentido, completamente inútil, inservible que me devuelven los ojos que son mi espejo; los callejones de la razón no son más mi tablero de juego. Renuncio al mundo para construirme un alma.
No reconozco enemigo alguno, soy todo lo que es.
Escojo jugar como niño, reir como niño y llorar como niño, cantar y bailar.
domingo, 28 de junio de 2015
Un otro una mañana
Con la pesadez de la mañana extrañamente ausente, Carlo se quitó las cobijas de tajo y las arrojó al piso, se incorporó violentamente y desnudo como estaba corrió hasta el cuarto de baño, del que no lo separaban muchos pasos. Abrió la ducha y se puso directamente bajo el agua, sin siquiera tantear con el pie la temperatura. El estremecimiento por el choque frío le hizo recuperar momentáneamente la cordura cotidiana y por poco alejarse del chorro, pero la fuerza que lo había invadido se impuso y lo obligó a soportar el baño junto a la presencia lejana de un otro, primerizo en su cuerpo.
Esa especie de locura matutina era superior a cualquier momento que pudiera recordar en dónde su voluntad ganara a la inercia diaria, por lo que descartó que fuera él quién imprimiera la fuerza suficiente para hacer lo que muchas veces había planeado. Sin espacio casi para hacerse preguntas, y con la mayoría de sus pensamientos ateridos, se abandonó completamente a la sinrazón, que en esos instantes lo obligaba a vestirse rápidamente, y a bajar las escaleras corriendo para darle de comer al gato, tarea que hizo con una atención inusitada y una limpieza de movimientos tal que parecía como si fuese la primera vez que usara sus manos para coordinarlas con las tensiones sutiles del cuello, los pies y la cadera.
Cada acción ejecutada, generaba un continuo asombro que ordenaba a su mente adherirse a explicaciones místicas o historias orientales que explotaban sin reparo en los resquicios cada vez más cerrados del otrora inabarcable presente. Cuando dejó de pensar, tal como había leído en un libro de meditación, vio a su mente cual lobo domesticado, con la cola entre las patas replegada en una esquina en espera de ser llamada, y a su cuerpo liberado del peso de años de tormento danzar en cada movimiento.
Cada acción ejecutada, generaba un continuo asombro que ordenaba a su mente adherirse a explicaciones místicas o historias orientales que explotaban sin reparo en los resquicios cada vez más cerrados del otrora inabarcable presente. Cuando dejó de pensar, tal como había leído en un libro de meditación, vio a su mente cual lobo domesticado, con la cola entre las patas replegada en una esquina en espera de ser llamada, y a su cuerpo liberado del peso de años de tormento danzar en cada movimiento.
Sobre la puesta en escena de Romeo y Julieta.
Es difícil hablar de algo que todavía vive en el corazón, y siento viva la tragedia de Romeo y Julieta ahora mientras hago parte del grupo de personas en la historia de la humanidad que han tenido el placer de representarla.
La puesta en escena en la que participo, cuya pretensión es acercar a nuestra realidad temporal y cultural las palabras de Shakespeare, el inventor de lo humano, me ha obligado en varias ocasiones a centrar la atención no en la obra en sí, sino en aquello que resuena en mí, los lugares de mi pasado que traen a colación ciertas frases o escenas específicas.
Necesariamente en la famosa escena del balcón, que en nuestra versión es la escena del muro, no puedo evitar recordar con extrañeza, mi primer amor adolescente, y las promesas gastadas a la Luna, la necesidad de hacer los momentos eternos y la imposibilidad de resistirse al sentimiento o esconderlo al menos; la llamada apremiante a ofrecerlo todo, a darlo todo y tenerlo todo, y el sentido de irrealidad que dejaba atrás tanta felicidad junta una vez se terminaban las noches o se colgaba el teléfono después de una conversación de horas.
He hecho mías en estas funciones las palabras de Julieta, y siento cercana a mi y a mi experiencia del enamoramiento, su duda que se ve empequeñecida frente al desbordante sentimiento, su entrega y su madurez, extraña en una niña de 14 años.
Siento que al menos en mí, la magia ha funcionado, la puesta en escena ha logrado su objetivo, ha contribuido a regar en mí las semillas de la autoobservación, me ha recordado una experiencia propia y ha ayudado a resignificarla; ha acercado a mi realidad las palabras de un inglés de hace 400 años que supo desentrañar la esencia del amor adolescente y que ahora resuenan en mi con gran poder evocador.
Heme aquí.
Heme aquí. Regreso del exilio porque el escritor que no escribe está condenado a ser personaje de la historias de otros y mi voluntad se resiente en la sumisión.
Mientras leía lo que escribí hace años, sentí como por primera vez entendí esas palabras. Ahora vivo el futuro que forjé en ese pasado. Repito en mi la historia de la humanidad, vivo la realidad que crearon aquellos que me precedieron.
Supongo que escribir ahora que tengo las cosas más claras es un imperativo ético y estético. una necesidad espiritual. Debo dejar salir todas mis historias sin juzgarlas y empezarlas a desplegar en el terreno de juego, es hora de volver a este blog, y de abrir otros espacios, en la vida real.
Mucho tiempo me quedé embelezado frente al abismo contemplando aquello que me veía en el espejo, es hora de volver a trabajar montado en el conocimiento adquirido, en la libertad conquistada, en los hombros de las batallas ganadas.
Mi voluntad es creadora, y no se subyuga ante las demandas de la realidad histórica que me condiciona, se rebela con poder aumentado luego de estar fortaleciéndose en las catacumbas de mi soledad.
Mientras leía lo que escribí hace años, sentí como por primera vez entendí esas palabras. Ahora vivo el futuro que forjé en ese pasado. Repito en mi la historia de la humanidad, vivo la realidad que crearon aquellos que me precedieron.
Supongo que escribir ahora que tengo las cosas más claras es un imperativo ético y estético. una necesidad espiritual. Debo dejar salir todas mis historias sin juzgarlas y empezarlas a desplegar en el terreno de juego, es hora de volver a este blog, y de abrir otros espacios, en la vida real.
Mucho tiempo me quedé embelezado frente al abismo contemplando aquello que me veía en el espejo, es hora de volver a trabajar montado en el conocimiento adquirido, en la libertad conquistada, en los hombros de las batallas ganadas.
Mi voluntad es creadora, y no se subyuga ante las demandas de la realidad histórica que me condiciona, se rebela con poder aumentado luego de estar fortaleciéndose en las catacumbas de mi soledad.
miércoles, 27 de mayo de 2015
Abracadabra.
Los pájaros cantan el embrujo del mundo y extienden maia por doquier.
Nombran en su lengua la esencia del árbol para que este crezca, llaman por su verdadero nombre el color verde y la luz se revela.
Con sus aleteo contagian al norte el mandato siempre uno del demiurgo de ser norte; hacia el sur apuntan con sus picos y renuevan lo que siempre es.
Lo propio hacen con el oriente y el occidente y con cada nota nombran y hacen existir todos los pueblos de la tierra y hay un acento para cada hombre y un silencio para cada potencia, la esencia de lo que fue y será es descrita en el viento en la trayectoria de un vuelo.
El canto, ceremonia, cumple siempre el momento para llamar al tiempo, saluda al sol y lo despide.
Los pájaros son la memoria del embrujo y la realidad un continuo recordar.
Babilonia está echada sobre el frágil tapete del sueño.
Me uno al canto de los míos, abracadabra.
Nombran en su lengua la esencia del árbol para que este crezca, llaman por su verdadero nombre el color verde y la luz se revela.
Con sus aleteo contagian al norte el mandato siempre uno del demiurgo de ser norte; hacia el sur apuntan con sus picos y renuevan lo que siempre es.
Lo propio hacen con el oriente y el occidente y con cada nota nombran y hacen existir todos los pueblos de la tierra y hay un acento para cada hombre y un silencio para cada potencia, la esencia de lo que fue y será es descrita en el viento en la trayectoria de un vuelo.
El canto, ceremonia, cumple siempre el momento para llamar al tiempo, saluda al sol y lo despide.
Los pájaros son la memoria del embrujo y la realidad un continuo recordar.
Babilonia está echada sobre el frágil tapete del sueño.
Me uno al canto de los míos, abracadabra.
sábado, 4 de abril de 2015
ÚLTIMA FRONTERA.
Salpica sus recuerdos con fantasías, como todos los días laborales
desde hace dos años, cuando los trancones lo bendicen con el tiempo necesario
para hacer nada. Santiago agradece el tráfico de las seis de la tarde, con sus sonidos estridentes, con las caras de los demás
conductores retorcidas en el mismo gesto de enojo mientras lanzan manotadas
violentas contra el volante. Le parece estar inmerso en el set de una gran película,
en el momento en que los extras ensayan las acciones que un mal
coreógrafo les marca.
Él no se siente tan ajeno al resto, intuye que también interpreta
un papel, ni mejor ni peor que los demás; en cierto momento, tras la espera, y
perdido en un soliloquio, logra abstraerse del ruido, de los viejos asientos del
carro, del sonido de la radio, de las sensaciones asfixiante del centro de Medellín y suelta las amarras de su camino de pensamiento, no sabe cómo lo hace, pero cancela el tiempo, las imágenes de su mente se transforman en una
menuda lluvia que atraviesa el conjunto de su visión y abandonan su nombre. Sus
recuerdos y fantasías desbordan las barreras que los hacen pertenecer a
realidades diferentes, y se funden en una sola idea, sus sensaciones pasan a
ser algo anterior a sí mismas, y se descubre tras la máscara de conductor
que usa ese día.
Cuando regresa de ese viaje inefable,
el olor del asfalto mojado lo golpea, el trancón empieza a disolverse, de nuevo
vuelve a llamarse Santiago, y en su nombre se sujetan con firmeza su historia,
sus sueños y su destino. Los pensamientos atacan por todos los frentes, y
recuerda que esa misma noche tiene que salir del país.
La película que ha estado
rodando su cabeza por tres semanas regresa con fuerza de estreno: el tiquete
del viaje, la visa, los papeles listos en el comedor, y las maletas que huelen
a nuevo, le esperan en casa para ayudarle a cumplir el sueño de recorrer las
mismas calles que caminó Shakespeare. Acelera y trata de sortear los obstáculos
para llegar rápido, con la intención de despedirse de sus amigos en Facebook,
anotar sus últimos pensamientos en Colombia, y alardear un poco de su buena
fortuna de nuevo.
Una vez frente a su laptop,
con un café con leche y tostadas con mantequilla en su mesa de estudio, se
conecta, y se ve sorprendido por la gran cantidad de notificaciones y mensajes privados
que saltan a sus ojos, se aterroriza al leer el contenido en su muro: cartas de
despedida y manifestaciones de dolor y sorpresa por su repentina muerte, esa
tarde en el centro de Medellín.
Impactado por la noticia, se
deshace en letras, busca un lugar del que colgar su historia, sus sueños, su
buena fortuna, hace una venia de despedida y va a la tras-escena.
sábado, 12 de julio de 2014
Soy en la suspensión del pensamiento
Ante el sosegado espacio interior, atenazado por el sonido humeante del movimiento de los árboles, soy en la suspensión del pensamiento. Las caras del universo se empiezan a descubrir con cada bocanada de aire. La visión refrescante del eterno presente, de las imágenes que me construyen, derrumban mis murallas, y me entregan al placer de la experiencia total. Descubro de nuevo que soy escritor, que soy creador, mago y artífice de mi historia y de otras tantas de las que debo empezar a hacerme responsable inmediatamente.
Descubro en mi el potencial de lo que soy, el atisbo del soplo divino en la voluntad que me domina. La cofradía de susurradores de historias es en mi.
Descubro en mi el potencial de lo que soy, el atisbo del soplo divino en la voluntad que me domina. La cofradía de susurradores de historias es en mi.
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