miércoles, 27 de mayo de 2015

Abracadabra.

Los pájaros cantan el embrujo del mundo y extienden maia por doquier.
Nombran en su lengua la esencia del árbol para que este crezca, llaman por su verdadero nombre el color verde y la luz se revela.
Con sus aleteo contagian al norte el mandato siempre uno del demiurgo de ser norte; hacia el sur apuntan con sus picos y renuevan lo que siempre es.
Lo propio hacen con el oriente y el occidente y con cada nota nombran y hacen existir todos los pueblos de la tierra y hay un acento para cada hombre y un silencio para cada potencia,  la esencia de lo que fue y será es descrita en el viento en la trayectoria de un vuelo.
El canto, ceremonia, cumple siempre el momento para llamar al tiempo, saluda al sol y lo despide.
Los pájaros son la memoria del embrujo y la realidad un continuo recordar.
Babilonia está echada sobre el frágil tapete del sueño.
Me uno al canto de los míos, abracadabra.

sábado, 4 de abril de 2015


ÚLTIMA FRONTERA.

Salpica sus recuerdos con fantasías, como todos los días laborales desde hace dos años, cuando los trancones lo bendicen con el tiempo necesario para hacer nada. Santiago agradece el tráfico de las seis de la tarde, con sus sonidos estridentes, con las caras de los demás conductores retorcidas en el mismo gesto de enojo mientras lanzan manotadas violentas contra el volante. Le parece estar inmerso en el set de una gran película, en el momento en que los extras ensayan las acciones que un mal coreógrafo les marca.
Él no se siente tan ajeno al resto, intuye que también interpreta un papel, ni mejor ni peor que los demás; en cierto momento, tras la espera, y perdido en un soliloquio, logra abstraerse del ruido, de los viejos asientos del carro, del sonido de la radio, de las sensaciones asfixiante del centro de Medellín y suelta las amarras de su camino de pensamiento, no sabe cómo lo hace, pero cancela el tiempo, las imágenes de su mente se transforman en una menuda lluvia que atraviesa el conjunto de su visión y abandonan su nombre. Sus recuerdos y fantasías desbordan las barreras que los hacen pertenecer a realidades diferentes, y se funden en una sola idea, sus sensaciones pasan a ser algo anterior a sí mismas, y se descubre tras la máscara de conductor que usa ese día.
Cuando regresa de ese viaje inefable, el olor del asfalto mojado lo golpea, el trancón empieza a disolverse, de nuevo vuelve a llamarse Santiago, y en su nombre se sujetan con firmeza su historia, sus sueños y su destino. Los pensamientos atacan por todos los frentes, y recuerda que esa misma noche tiene que salir del país.
La película que ha estado rodando su cabeza por tres semanas regresa con fuerza de estreno: el tiquete del viaje, la visa, los papeles listos en el comedor, y las maletas que huelen a nuevo, le esperan en casa para ayudarle a cumplir el sueño de recorrer las mismas calles que caminó Shakespeare. Acelera y trata de sortear los obstáculos para llegar rápido, con la intención de despedirse de sus amigos en Facebook, anotar sus últimos pensamientos en Colombia, y alardear un poco de su buena fortuna de nuevo.
Una vez frente a su laptop, con un café con leche y tostadas con mantequilla en su mesa de estudio, se conecta, y se ve sorprendido por la gran cantidad de notificaciones y mensajes privados que saltan a sus ojos, se aterroriza al leer el contenido en su muro: cartas de despedida y manifestaciones de dolor y sorpresa por su repentina muerte, esa tarde en el centro de Medellín.

Impactado por la noticia, se deshace en letras, busca un lugar del que colgar su historia, sus sueños, su buena fortuna, hace una venia de despedida y va a la tras-escena.   

sábado, 12 de julio de 2014

Soy en la suspensión del pensamiento

Ante el sosegado espacio interior, atenazado por el sonido humeante del movimiento de los árboles, soy en la suspensión del pensamiento. Las caras del universo se empiezan a descubrir con cada bocanada de aire. La visión refrescante del eterno presente, de las imágenes que me construyen, derrumban mis murallas, y me entregan al placer de la experiencia total. Descubro de nuevo que soy escritor, que soy creador, mago y artífice de mi historia y de otras tantas de las que debo empezar a hacerme responsable inmediatamente.
Descubro en mi el potencial de lo que soy, el atisbo del soplo divino en la voluntad que me domina. La cofradía de susurradores de historias es en mi.

jueves, 6 de marzo de 2014

Somos muerte (Pessoa)

Somos muerte. Lo que consideramos vida, es el sueño de la vida real, la muerte de lo que verdaderamente somos. Los muertos nacen, no mueren. Están cambiados, para nosotros, los mundos; estamos a punto de vivir cuando estamos moribundos.
La relación que existe entre el sueño y la vida es la misma que hay entre lo que llamamos vida y lo que llamamos muerte. Estamos durmiendo, y esta vida es un sueño, no en sentido metafórico o poético, sino en sentido real.
Todo aquello que en nuestras actividades consideramos superior, todo participa de la muerte, todo eso es muerte. ¿Qué es el ideal sino la confesión de que la vida no nos sirve? ¿Qué es el arte sino la negación de la vida? Una estatua es un cuerpo muerto, tallado para fijar la muerte en materia de incorrupción.
El mismo placer, que tan evidentemente nos parece una inmersión en la vida es ante todo una inmersión en nosotros mismos, una destrucción de las relaciones entre nosotros y la vida, una sombra agitada de la muerte.
El mismo vivir es morir, porque no tenemos un día de más en nuestra vida que en sí mismo no nos dé el tener un día de menos.
Habitamos sueños, somos sombras errando a través de florestas imposibles donde los árboles son casas, costumbres, ideas, ideales y filosofías.
¡No encontrar nunca a Dios, no saber ni siquiera si Dios existe! Pasar de un mundo a otro, de una encarnación a otra, siempre con la ilusión que nos acaricia, siempre en el error que nos halaga.
¡Nunca la verdad, nunca una parada! ¡Nunca la unión con Dios! ¡Nunca completamente en paz, sino sólo siempre un poco de ella, siempre le deseo de ella!

sábado, 18 de enero de 2014

Destino

En los paisajes corredizos de la ventana del bus se dibujan mejor los futuros que crea en su cabeza. En el acolchado sillón azul se le hace imposible no hilvanar los recuerdos de una ausencia, que empiezan a brotar a borbotones mientras cruza ciudades y pueblos. Los caminos de la fatalidad lo llevan al encuentro que evitó con todas y cada una de las facultades de la consciencia, y lo sabe, mas no quiere caer en el cliché de ser la víctima de una historia triste, ni en la eventualidad de arreglar algo que en principio no está dañado.
El viaje hasta ahora ha sido placentero, en el bus sólo hay tres pasajeros más y el aire acondicionado los mantiene en una burbuja ajena a las inclemencias del clima que a veces se dejan caer en las visiones de la frontera. Su reflejo en el vidrio lo pone frente a la posibilidad de tener los mismos labios gruesos de aquella que va a encontrar, quizás, o alguna particularidad en los ojos oscuros que comparten por cuestiones de genética. Sabe en el fondo de sus certezas más cuidadas, que la presencia de esa desconocida habría sido tan determinante en su vida como lo fue su ausencia, por lo que tiene que agradecerle a la omisión voluntaria de un oficio natural el que hoy se sienta empoderado frente a su destino. Cada pueblo que desfila ante sus ojos, en ese ronroneo de la ruta se va quedando con sus memorias más dolorosas, en las fachadas de las capillas coloniales pretende dejar impresos pedazos del alma, es un muchacho sensible, un tanto artista dirían los más ácidos comentaristas de su vida.
Mientras cruza la frontera, a sus largos dedos los despoja de dos anillos, quiere impregnar el momento con un tinte ceremonial, pretende llegar limpio, sin adornos, si pudiera cruzaría desnudo; los arroja por la ventana a intervalos irregulares cada que su mente pare un recuerdo: aquella vez en el que su hermana lo encontró llorando bajo la cama en un día de madres, o el día en que su madre biológica le gritó bastardo, la primera y única ocasión en que compartió un espacio con ella. Se acomoda para dormir, pensar no le hace bien, además no sirve para nada, lo que ha de pasar pasará, en el momento preciso tendrá que tomar una decisión alrededor de la cual no vale la pena gastar cavilaciones antes o después, fácil. Cualquier posición que adopta en su cabeza le parece postiza, sabe muy bien que es un gran artista, lo que sea que eso signifique, o que eso es lo que dicen muchos,  que tiene comunicación directa con la muerte según los videntes que consulta, y que está tan alejado del hombre común que desprecia situarse en el lugar de oprimido en su historia.
Dormir en un bus es un estado alterado de la consciencia bastante peculiar, varios sueños irrecordables se suceden mientras uno va y vuelve entre la vigilia y el sopor.
Las razones que lo llevan a abandonar su país para encontrarse con el mar de otra tierra no son importantes, son nimiedades comparadas con la gran carga de palabras que lo buscan.
En el camino fantasea con no tener que llegar nunca, con que no exista puerto alguno en qué atracar, de sus viajes la peor parte siempre es esa, tener que bajarse del bus. Ir, estar yendo, mirar paisajes a través de una ventana, oler el aire de distintas ciudades, sorprenderse con la arquitectura diversa o simplemente tratar de adivinar costumbres tras las caras de los habitantes de esos lugares es bastante divertido. Es extraño como se da cuenta mientras el paseo lo entretiene que siempre quiso que la vida, el destino o lo que fuera, tomara venganza en su nombre, siempre quiso que la muy mentada ley del karma en verdad existiera, que los cuerpos apetecidos de todos sus amantes se rebelaran contra ellos en las horas de su pasión o que las calumnias y habladurías de la gente vulgar se devolvieran a las bocas de donde salieron a dentelladas asesinas.
Así entre pensamientos varios se le va yendo el viaje, le sorprende lo difícil que es concentrarse solamente en mirar por la ventana y el esfuerzo titánico que hay que hacer para traerse de vuelta a la realidad luego de escapar entre ideas, la mente es como una cometa a la que hay que halar cada tanto para que no se la lleve el viento. No se acuerda del momento preciso en que cruzó la frontera, no sintió nada especial al hacerlo, al parecer las fronteras son algo más imaginario que real. Siempre se aferró a la creencia infantil de que al cambiar de país el aire iba a ser diferente, los colores se alterarían o alguna sensación en su cuerpo delataría el tránsito, pero no, el asunto es tan carente de magia como el resto de cosas. Una lástima, se acaba de dar cuenta de que está en otro país por un triste letrero de fondo azul.
El resto del viaje es igual de frustrante, nada nuevo, todo lo que sucede es lo que le puede suceder a cualquier humano normal, siente ganas de orinar, siente ganas de dormir, siente ganas de joder y de fumar.
Bajarse del autobús con un fracaso presentido no es un buen comienzo y él lo sabe, aún así no puede evitar ser lo que en ese momento es con todas las ganas que su voluntad imprime, porque sabe que nada pasa en él que no sea su voluntad, aunque no tiene la menor idea de qué es eso.
En realidad no sabe nada, se atora en la ignorancia de si mismo y le da lidia tener que estárselo recordando cada vez que se siente seguro de algo, pero vale, así es él, un tanto raro. Las calles del nuevo país son iguales a las del viejo, el aire parece ser el mismo, aunque nunca se ha entrenado en ese tipo de cata. A lado y lado de las calles hay casas y edificios, las arquitecturas se actualizan y envejecen a gusto de los propietarios, casas coloniales y magníficos edificios modernos. Teme acercarse de nuevo a la realidad consensuada, a tener que hablar de asuntos terrenales, conocidos y comunes, aborrece la idea de tener que rebajarse a pedirle explicaciones a su madre biológica, pero sabe que antes de ser genio, tiene que ser hombre, y tiene que agotar las experiencias del simio bípedo pensante común.
Las calles están llenas de gente igual con acento diferente, no hay absolutamente ninguna posibilidad de descripción que pueda alejarnos, a ti lector y a mi narrador, del tedio de lo normal. Daniel, él, el protagonista de esta historia se dirige ahora a la casa de su madre, el mapa que tiene es demasiado ajeno a las calles que transita, precisa la ayuda de desconocidos caminantes y la obtiene. Llega a una casa con puerta verde metálica y golpea, golpea, golpea. No obtiene respuesta, golpea, golpea golpea. No obtiene respuesta, golpea, golpea, golpea. Media hora.
Escribe una carta, con todo lo que imaginó decirle frente a frente y da por zanjado este asunto al deslizarla bajo esa puerta verde metálica.


lunes, 9 de diciembre de 2013

Disertaciones lisérgicas.

Soy el individuo que deja atrás el cadáver de la ley del padre y a su madre, la naturaleza violada.
Tras de mi siglos de batallas de ideas feroces, vociferantes proclamas de salvadores postizos; llantos, sangre, sudor y lágrimas. Me presento al futuro desnudo, tal cual soy, sin ley natural, cargo a rastras el cadáver del padre. Yo maté a dios, lo busqué tras la última seguridad firme y lo cacé con cebicia, me lo comí y después lo cagué, porque pude.
Maté a dios, el mundo se quedó sin tener de dónde colgar y yo lo usé de collar.
Soy el individuo, ando vestido de dios y mil voluntades me sostienen. Trás de mi una historia de condicionamientos, entiendo que soy como soy como consecuencia de luchas pasadas. Soy el reducto de lo prohibido, soy lo que queda de la transgresión de la última ley. En mi la perversión vive su último día y se retuerce en agonía.
Soy todo lo que dios prohibió ser, soy todo lo que la naturaleza negó la posibilidad de ser. Cargo en mi el cadáver de mi padre y de mi madre, y entiendo que nunca fueron tal cosa, porque ley, naturaleza y vida fueron después de esto que soy.
No hay ley que romper, no hay padre a quién culpar o madre ante quién quejarse. Hay un desastre en la habitación producto del primer juego que quise jugar.
El juego ya no es divertido, luchar contra lo prohibido me dejó al descubierto, reconozco las fuerzas de la historia, entreveo los hilos del futuro, soy el individuo que se sabe condicionado por una historia anterior a su existencia y empoderado en el presente por este conocimiento.
Soy el individuo ante su historia, poniendo la cara y aceptando la responsabilidad, dispuesto a cumplir la pena por haber matado. Mis manos manchadas de sangre se plantan frente al abismo y las convierto en plumas.
Ante mi un mundo de posibilidades ajenas y extrañas a la razón, último desecho conservado de la ley.
El juego ha sido mío, condicionado por mi historia, ahora aburrido, con ganas de mirar a otra parte me voy a otras historias. Encuentro en todas partes lo mismo, todo era yo, padre y madre eran yo, ley y naturaleza eran yo y estaba jugando hace tanto tiempo que había olvidado que todo no era más que un juego.
Mi trabajo ahora es limpiar el desorden.
El gran hombre pasó y dejó tras de si un desastre infernal, mi trabajo es recoger la basura, reciclarla para darle la forma que me convenga.
Ante mi dioses e ideologías, movimientos, manifiestos, todos ellos muertos, obsoletos, insostenibles, caducos que dejaron un mundo asqueroso, putrefacto, en avanzado estado de descomposición, al borde de la muerte.
Soy el que se yergue sobre las montañas de basura dispuesto a limpiar el desastre, a recibir la vieja información y actualizarla a una versión más limpia.
Vengo por un mundo limpio, soy el hombre limpio, en mi resbalan vicios y virtudes, en mi mano el hacer y en mi mente el decir unidos bajo el imperio de mi reverendísima voluntad de mi.
La historia me dejó sucio y vengo dispuesto a limpiarme, rehuyo a la crítica y al halago, mi espíritu es orgánico y ajustado a lo que funciona con limpieza.
Vine a limpiar el desastre del último juego de la ley del padre, ya no juego más en el tablero de la razón, mi presencia está en las calles y no se puede explicar.
Mi movimiento es profundo y no obedece a interés alguno, no obedece a ninguna voluntad, solo a la mía.
No puede ser tomado por idea, dios o cultura alguna, pues supera con creces cualquier lenguaje.
El juego nuevo es en un tablero completamente distinto de la razón y el lenguaje; del último no quedan sino vidrios rotos, el falo que sostenía el mundo yace flácido.
El nuevo juego no existe y ya lo estoy jugando y voy ganando-perdiendo a partes iguales.
Hay algo que se asoma en el abismo cuando lo juego y no soy yo.
Soy el primer hombre adulto.
Soy responsable de dolores y alegrías y cumplo servicio comunitario, remuevo de las calles la basura de las ideas; cruces, estrellas y lunas son basura que reciclo y uso de adorno, estoy limpiando.
En mi quedan obligaciones pendientes del último juego y las estoy cumpliendo, pero ya no hay dios ni ley natural.
Mi misión es purificar el mundo, librarlo de vicios y virtudes, actúo en el presente ajeno a cualquier futuro.
No quepo en las enciclopedias, mi iluminación no está más en las letras.
Mi preocupación última es limpiar y desinfectar.
Soy el sanador y vengo herido de historia, dispuesto a recoger mi propio des-orden.
Quiero dejar el mundo limpio.
Estoy destapando cañerías, quitando moho de ideas, mi detergente es la evidencia.
Mi actualidad no es vanguardia, no porto ningún estandarte, no hay en mi ninguna distinción, vine a salvar al mundo de las consecuencias de mi historia, soy simple y limpio, fugaz, irrastreable, inodoro, incípido, imperceptible, inenarrable. (Guiño, guiño)
En mi no hay conflicto, soy caótico y caota.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Trampa.

Es absolutamente innecesario describirme.
Decir donde estoy y mostrar mis motivaciones coarta totalmente la libertad mía de mi, yo personaje y punto. No importa si soy bonito, feo, inteligente, sabio, bruto, acaparador, silencioso, inodoro, salado, amistoso, solo basta al lector saber que soy humano, y como humano soy todo lo que un humano pueda ser como mejor se le antoje. Lo único que importa es mi historia total y sincera, descarnada, en esencia, sin adornos, e importa porque yo quiero que importe, porque soy yo personaje quien imprime voluntad triunfante a yo trama. Y yo todo no hace parte sino de la enredada madeja de trivialidades inservibles con las que me visto porque me da la gana.
Así, porque si, porque no existe y es imposible encontrar tras el velo de lo real cualquier brillo que delate el oro del deseo puro. La motivación perfecta y esencial en su estado natural no es sino la mezcla de voluntades que se entretejen para formar castillos en el aire, castillos que son también aire.
Es mediocridad rampante, ausencia de posibilidad de descripción, alejamiento de los sentidos, disolución de testigo que sepa hablar, es ganas de no hacer lo mismo, de no seguir regla ni técnica para crear mi historia, ganas de contar un cuento que no se cuente, de escribir algo que no se entienda sino al sesgo. Enredar en la confesión del yo escritor la posibilidad de existencia real del pensamiento puro, desarraigado y etéreo, vaporoso, sin rumbo, inasible, intangible. Crear un hechizo, una sucesión de palabras altisonantes para internarse como leproso en tierra de leprosos, sin esfuerzo, rasgada la piel por el viento, arrastradas las heridas en una sopa de intermitencias aupadas en la consciencia del caos.
Sencillez, paso lento, seguro, fluido, corte mortal suave, imposible de sentir, total mimetismo con lo que se cree esperar, con lo que se quiere querer.