miércoles, 25 de mayo de 2011

De como hacer volar una Gárgola

Llegué a la bóveda central, mi cabeza se elevó y se perdió en los detalles de cada pintura.

Anocheció. Estaba pasmado en una banca de las capillas laterales mirando para adentro, ignorando por completo los dioses de afuera y centrándome en los de verdad cuando la luz de una linterna me sacó del trance.

Disculpe señor ya vamos a cerrar, dijo un vigilante. Me sorprendió ver vigilancia privada en una iglesia, pero pensé que con tanto fanático suelto podría ser una medida necesaria. Me apresuré a salir de la catedral no sin antes tratar de absorber esa sensación de terror que producen las inanimadas figuras del santoral católico alumbradas desde abajo por las velas de los fieles. De noche todo cambia, las pocas velas encendidas contribuyen a aumentar el sentimiento de claustrofobia en una de las construcciones más grandes jamás hechas por el hombre, es un tanto paradójico y tenebroso.

Salí por una de las puertas secundarias, la luna creciente se colgaba de una de las torres y resaltaba las gárgolas y patos dentados que tenían como fin espantar las brujas, vomitando a gotas nubes atrapadas. Siempre me pareció intrigante la mentalidad de los constructores, no entiendo la lógica esa de que un demonio se pone en una catedral para espantar a sus congéneres. Pero bueno, los caminos de la fe no conocen la razón.

Desde el centro de la plaza, la catedral se impone como regente y señora de la ciudad, los reflectores amarillos resaltan los colores de los ladrillos y las sombras muestran la cara justiciera e implacable del dios que encierran.

A las 11:11 pm. mientras toda la ciudad está disfrutando del concierto anual que ofrece el ayuntamiento saco mi celular y con una llamada a la banca donde me senté los ladrillos se estampan en la luna, los patos y gárgolas vuelan por los aires y el dios encarcelado desata su furia al azar sobre los desgraciados a los que llueven hostias del cielo.


viernes, 22 de abril de 2011

¡Salve!

Tengo una molestia en la garganta, una obstrucción del pensamiento, una definición inconclusa.
Este afán iluso, humano, infantil, abrumador de definir todo me ha llevado a un callejón sin salida.
Llegué a un final que es principio, a un es que no está, a un todo que no veo.
La pregunta última de la criatura, la búsqueda del principio, la finalidad de la razón.
A la pregunta de preguntas me enseñaron muchas respuestas, y ninguna me satisface.
No necesito creador ni delator invisible.
No necesito juez, señor ni testigo.
Pero si necesito una palabra que lo encierre todo, necesito a la manera de los viejos judíos encontrar el nombre de Dios.
No necesito perdón, premio o castigo, pero a mi corazón henchido de agradecimiento le gustaría encontrar recipiente.
No reconozco nada superior al espíritu del hombre, pero sigo en la búsqueda de fuentes en el mar.
A aquello a lo que sobran adjetivos y faltan alfabetos, a lo que SOY. ¡Salve!

PD: SOY al revés es YOS 

Esta vieja angustia - Pessoa

Esta vieja angustia, 
esta angustia que traigo hace siglos en mi,
rebasó la vasija, en lágrimas, en grandes imaginaciones,
en sueños al estilo de pesadilla sin terror,
en grandes emociones súbitas sin sentido alguno.
Rebasó.
¡Mal sé cómo conducirme por la vida
con este malestar haciéndome dobleces en el alma!
¡Si al menos enloqueciese de veras!
Pero no: es este estar entre,
este casi,
este poder ser que
esto.
Un interno en un manicomio es, al menos, alguien,
yo soy un interno en un manicomio sin maniconéo.
Estoy loco en frío,
estoy lúcido y loco,
estoy ajeno a todo e igual a todos:
estoy durmiendo despierto con sueños que son locura
porque no son sueños.
Estoy así...
¡Pobre vieja casa de mi infancia perdida!
¡Quién te diría que yo me repeliese tanto!
¿Qué es de tu niño? Está loco.
¿Qué es de quien dormía tranquilo bajo tu techo provinciano?
Está loco.
¿Quién de quien fui? Está loco. Hoy es quien yo soy.
¡Si al menos tuviese una religión cualquiera!
Por ejemplo, por aquel fetiche
que había en casa, allá en aquélla, traído de África.
Era feísimo, era grotesco,
pero había en él la divinidad de todo en lo que se cree.
Si yo pudiese creer en un fetiche cualquiera —
Júpiter, Jehová, la Humanidad —
cualquiera serviría,
¿pues qué es todo sino lo que pensamos de todo?
¡Estalla, corazón de cristal pintado!

miércoles, 20 de abril de 2011

Esa puta pastilla roja...

Que todos se van quedando atrás, y que poco de lo que alumbraba entonces sigue prendido. Aún así son pocos a los que llegó luz y más pocos los que no la ignoraron.
Ni siquiera envidio a las antorchas que se prendieron fuego, envidio tal vez y lo escondo de mi ambición a los que fueron felices.
Vaciarse, romperse y volverse a juntar, el juego de todos los que buscan, solo para regresar a dónde siempre estuvieron, o peor aún para extraviarse en donde nunca estarán, el  lugar común, la metáfora de lo real, la realidad de fantasía.
No hay otra salida más que las que nos dan, no hay nada que inventar, rendirse o gobernar.
No te tomás la pastilla roja una sola vez, te la tomas todos los días, y la azul se hace mas apetitosa a medida que te adentrás más en el juego. Seguís buscando el otro lado del espejo y de repente te das cuenta que siempre estuviste del lado equivocado.

Temperance

Quería escribir sin que los dioses que inventaron los hombres lo advirtieran. Sus artimañas para quebrar la libertad son insalvables y me dejan atrapado en una cadena de pensamientos tan larga como la historia del universo. Escapar de esta prisión de tan altas paredes no es posible para cortas alas, no puedo liberarme, mi incesante parloteo interno es atizado por miedos y esperanzas infantiles, las promesas de paraísos y castigos de dioses fríos y lejanos, y la constante amenaza de la soledad, el vacío y la insignificancia.

Con la furia y la necesidad de mis pasiones busco islas en un mar de creencias pasajeras, faros de razón en el desvarío de la rutina, voces refrescantes de otros buscadores. Pero a mis llamados responde el silencio, a mis intentos de respirar responde ese mar de todos metiéndose en mi garganta.
Aferrado a nada sigo perdido. Espero señales que me enseñaron a esperar, estoy mojado hasta los tuétanos y el frío me paraliza.

En mi desvarío veo torres cayéndose, sueño despierto con águilas y emperadores, trompetas y juicios.
Los espejismos se convierten en mejores opciones que la realidad, a veces siento ansías de cruzar el límite y entregarme a esa locura.

Me rindo.

Sin esperarlo me veo ahora seco y caliente, soy una isla.
Resultó ser de mi conocimiento la fórmula para elevar demonios al cielo.

domingo, 20 de marzo de 2011

Un mal viaje (Bukowski)

¿Nunca han pensado que el LSD y la televisión color llegaron para nuestro consumo más o menos al mismo tiempo? Nos llega toda ésta pulsación explorativa de color y ¿qué hacemos? Prohibimos una cosa y jodemos la otra. La televisión, desde luego, es inútil en las manos actuales; creo que no hay mucho que discutir al repecto. Y leí que en un registro reciente se declaraba que un agente había recibido una rociada de ácido en la cara, arrojada por un supuesto fabricante de droga. Alucinógena. Esto es también un derroche.
Hay ciertas razones esenciales para prohibir el LSD, el DMT, el STP. Pueden hacer que un hombre pierda permanentemente el juicio. Claro que lo mismo podría aplicarse a la recolección de remolacha, o al trabajo en cadena apretando tornillos en una fábrica de coches o a lavar platos o a enseñar primer curso de inglés en una de las universidades locales. Si prohibiésemos todo lo que vuelve locos a los hombres, toda la estructura social se derrumbaría: el matrimonio, la guerra, las líneas de autobuses, los mataderos, la apicultura, la cirugía, todo lo que se te ocurra. Cualquier cosa puede volver loco a un hombre, porque la sociedad se asienta en bases falsas. Hasta que no lo derribemos todo y lo reconstruyamos, los manicomios seguirán descuidados. Y los recortes que hace nuestro buen gobierno a los presupuestos de los manicomios los tomo como una sugerencia implícita de que a los enloquecidos por la sociedad no debe mantenerlos y curarlos esa misma sociedad, en éste período de inflación y locura fiscal generalizadas. Ese dinero sería mejor para hacer carreteras, o para rociarlo con mucha medida sobre los negros, y que no quemen y arrasen nuestras ciudades. Y tengo una idea espléndida: ¿por qué no asesinar a los locos? Piensa en el dinero que nos ahorraríamos. Incluso un loco come demasiado y necesita un sitio para dormir, y los cabrones son tan repugnantes... chillan y embadurnan de mierda las paredes, y demás. Bastaría con un pequeño cuadro médico que tome las decisiones y un par de enfermeras o enfermeros que tengan buena pinta y que mantengan a un nivel satisfactorio las actividades sexuales extralaborales de los psiquiatras.
En fin, volvamos, más o menos, al LSD. Lo mismo que es cierto que cuanto menos recibes más arriesgas (pensemos en la recolección de remolacha) también es cierto que cuanto más recibes más arriesgas. Cualquier complejidad exploratoria, pintar, escribir poesía, asaltar bancos, ser dictador, etcétera, te lleva a ese punto en que peligro y milagro son casi como hermanos siameses. Raras veces conectas, pero mientras estás en movimiento, la vida es sumamente interesante. Es bastante agradable acostarse con la mujer de otro, pero tú sabes que algún día te van a atrapar con el culo al aire. Esto únicamente hace más placentero el acto. Nuestros pecados se manufacturan en el cielo para crear nuestro propio infierno, cosa que evidentemente necesitamos. Sé lo bastante bueno en cualquier cosa y te crearás tus propios enemigos. Los campeones reciben abucheos. La multitud está deseando verlos hundidos para arrastrarles a su propio cuenco de mierda. Son pocos los idiotas que resultan asesinados; un ganador puede ser liquidado, con un rifle comprado por correo (eso dice la historia) o con su propio rifle en una ciudad pequeña como Ketchum. O como Adolfo y su puta cuando Berlín se desternilla en la última página de su historia.
El LSD puede machacarte también porque no es terreno adecuado para empleados leales. Seguro, el mal ácido, como las malas putas, te puede liquidar. La ginebra casera, el licor de contrabando, también tuvieron su día. La ley crea su propia enfermedad en mercados negros ponzoñosos. Pero, en el fondo, la mayoría de los malos viajes se deben a que el individuo ha sido moldeado y envenenado previamente por la sociedad misma. Si un hombre está preocupado por el alquiler, las cuotas del coche, los horarios, una educación universitaria para su hijo, una cena de doce dólares para su novia, la opinión del vecino, levantarse por la bandera o qué va a pasarle a Brenda Starr, una píldora de LSD probablemente le vuelva loco, porque, en cierto modo ya lo está y sólo soporta las mareas sociales por las rejas externas y los sordos martillos que le hacen insensible a cualquier pensamiento individualista. 
Un viaje exige un hombre que aún no esté enjaulado, un hombre aún no jodido por el gran Miedo que hace funcionar toda la sociedad. Por desgracia, la mayoría de los hombres sobrestiman su mérito y su dignidad como individuos esenciales y libres, y el error de la generación hippie es no confiar en nadie de más de 30. 30 no significa nada. La mayoría de los seres humanos quedan capturados y moldeados, por completo, a la edad de siete u ocho años. Muchos de los jóvenes PARECEN libres pero esto no es más que una cuestión química del organismo y la energía y no algo real del espíritu. He encontrado hombres libres en los sitios más extraños y de TODAS las edades (conserjes, ladrones de coches, lavacoches, y también algunas mujeres libres, la mayoría enfermeras o camareras, y de TODAS las edades). El alma libre es rara, pero la identificas cuando la ves: básicamente porque te sientes a gusto, muy a gusto, cuando estás con ellas o cerca de ellas.
Un viaje de LSD LSD te muestra cosas que no abarcan las reglas. Te muestra cosas que no vienen en los libros de texto, y cosas por las que no puedes reclamar a los concejales del ayuntamiento. La yerba sólo hace más soportable la sociedad presente. El LSD es otra sociedad en sí mismo. Si tienes tendencia social, puede que etiquetes el LSD como "droga alucinógena", lo cual es un medio fácil de eliminar y olvidar el asunto. Pero lo de alucinación, la definición de ella, depende del polo desde el que operes. Todo lo que te está sucediendo en el momento en que lo está, constituye la realidad misma: ya sea una película, un sueño, una relación sexual, un asesinato, que te maten a tí o tomarse un helado. Las mentiras se imponen más tarde; lo que pasa, pasa. Alucinación es sólo una palabra del diccionario y un zanco social.
Cuando un hombre está muriendo, para él es muy real. Para los demás, no es más que mala suerte o algo que hay que esquivar. La funeraria se cuida de todo. Cuando el mundo empiece a admitir que TODAS las partes ajustan en el todo, entonces empezaremos a tener una oportunidad. Todo lo que ve un hombre es real. No lo puso allí una fuerza externa, estaba allí antes de que naciera él. No lo acuses de que lo vea ahora, no le reproches volverse loco porque la educación y las fuerzas espirituales de la sociedad no fueron lo bastante sabias para decirle que la exploración nunca termina. No le digas que debemos ser todos mierdecitas encajonadas en nuestro abecé y nada más. No es el LSD la causa del mal viaje: fue tu madre, tu presidente, la chiquita de la puerta de al lado, el heladero de las manos sucias, un curso de álgebra o de español obligatorios, fue el hedor de una cagada de 1926, fue un hombre de nariz demasiado larga cuando te dijeron que las narices largas eran feas; fue un laxante, fue la brigada Abraham Lincoln, fueron los caramelos y las galletas, fue la cara de Franklin Delano Roosevelt, fueron las gotas de limón, fue el trabajar diez años en una fábrica y que te echaran por llegar un día cinco minutos tarde, fue aquel viejo idiota que te enseñó historia en sexto curso, fue aquel perro tuyo atropellado y el que nadie supiera trazarte el mapa luego, fue una lista de treinta páginas de largo y seis kilómetros de anchura.
¿Un mal viaje? Todo este país, todo este mundo, es un mal viaje, amigo. Pero te meterán en la cárcel por tomarte una píldora. Yo aún sigo con cerveza porque, en realidad, tengo ya cuarenta y siete años y ando muy enganchado. Sería tonto del todo si me creyera libre de todas sus redes. Creo que Jeffers lo expresó muy bien cuando dijo, más o menos, cuidado con las trampas, amigo, hay muchísimas, dicen que hasta Dios quedó atrapado en una cuando bajó a la tierra. Por supuesto, ahora algunos no estamos tan seguros de que fuera Dios, pero fuese quien fuese tenía trucos muy buenos, pero da la sensación de que habló demasiado. Cualquiera puede hablar demasiado. Hasta Leary. O yo.
Ahora es un sábado frío. Se hunde el sol. ¿Qué hacer en el ocaso? Si yo fuese Liza, me peinaría el pelo, pero no soy Liza. En fin, agarré ésta National Geographic vieja y las páginas brillan como si algo realmente estuviese pasando. No es así, por supuesto. A mi alrededor, en éste edificio, hay borrachos. Toda una colmena de borrachos de principio a fin. Pasan las mujeres caminando ante mi ventana. Emito, silbo, una palabra más bien cansada y suave como "mierda" y luego, arranco esta cuartilla de la máquina. Es de ustedes.

La máquina de follar "un mal viaje" de Charles Bukowski, publicado originalmente en "Erecciones, eyaculaciones, exibiciones y cuentos generales de locura ordinaria", de 1967

Mis pretenciones

Pretendo escribir de forma velada. Sin que nada me delate y sin que vos lo entendás.
Herejía.

Pretendo ignorar el ruido, aislarme, enfocarme, inventar una historia paralela que no me involucre. 

Puedo decir que dos almas conscientes de un universo X se encontraron de repente, o mejor, que andaban dos ciegos rumbo al abismo sin saberse acompañados. Pero ninguna de esas imágenes me complace, están vacías, se desbaratan sin más.

Me escapo entonces por la ventana, pretendo ahora ignorarme, me uno al ruido, a las montañas... Pero todas esas cosas de afuera me reflejan, ¿cómo escapar de mi mismo?, soy juez, verdugo y condenado.

El veredicto es la censura.

Pretendo ahora escribir sin sujetos, dedicarme al verbo.

Despersonalizar lo escrito, a nadie le pasa algo. A nadie en un universo X de ciegos le pasa algo, y no sabe que a nadie también le pasa lo mismo.