Ante el sosegado espacio interior, atenazado por el sonido humeante del movimiento de los árboles, soy en la suspensión del pensamiento. Las caras del universo se empiezan a descubrir con cada bocanada de aire. La visión refrescante del eterno presente, de las imágenes que me construyen, derrumban mis murallas, y me entregan al placer de la experiencia total. Descubro de nuevo que soy escritor, que soy creador, mago y artífice de mi historia y de otras tantas de las que debo empezar a hacerme responsable inmediatamente.
Descubro en mi el potencial de lo que soy, el atisbo del soplo divino en la voluntad que me domina. La cofradía de susurradores de historias es en mi.
sábado, 12 de julio de 2014
jueves, 6 de marzo de 2014
Somos muerte (Pessoa)
Somos muerte. Lo que consideramos vida, es el sueño de la vida real, la muerte de lo que verdaderamente somos. Los muertos nacen, no mueren. Están cambiados, para nosotros, los mundos; estamos a punto de vivir cuando estamos moribundos.
La relación que existe entre el sueño y la vida es la misma que hay entre lo que llamamos vida y lo que llamamos muerte. Estamos durmiendo, y esta vida es un sueño, no en sentido metafórico o poético, sino en sentido real.
Todo aquello que en nuestras actividades consideramos superior, todo participa de la muerte, todo eso es muerte. ¿Qué es el ideal sino la confesión de que la vida no nos sirve? ¿Qué es el arte sino la negación de la vida? Una estatua es un cuerpo muerto, tallado para fijar la muerte en materia de incorrupción.
El mismo placer, que tan evidentemente nos parece una inmersión en la vida es ante todo una inmersión en nosotros mismos, una destrucción de las relaciones entre nosotros y la vida, una sombra agitada de la muerte.
El mismo vivir es morir, porque no tenemos un día de más en nuestra vida que en sí mismo no nos dé el tener un día de menos.
Habitamos sueños, somos sombras errando a través de florestas imposibles donde los árboles son casas, costumbres, ideas, ideales y filosofías.
¡No encontrar nunca a Dios, no saber ni siquiera si Dios existe! Pasar de un mundo a otro, de una encarnación a otra, siempre con la ilusión que nos acaricia, siempre en el error que nos halaga.
¡Nunca la verdad, nunca una parada! ¡Nunca la unión con Dios! ¡Nunca completamente en paz, sino sólo siempre un poco de ella, siempre le deseo de ella!
La relación que existe entre el sueño y la vida es la misma que hay entre lo que llamamos vida y lo que llamamos muerte. Estamos durmiendo, y esta vida es un sueño, no en sentido metafórico o poético, sino en sentido real.
Todo aquello que en nuestras actividades consideramos superior, todo participa de la muerte, todo eso es muerte. ¿Qué es el ideal sino la confesión de que la vida no nos sirve? ¿Qué es el arte sino la negación de la vida? Una estatua es un cuerpo muerto, tallado para fijar la muerte en materia de incorrupción.
El mismo placer, que tan evidentemente nos parece una inmersión en la vida es ante todo una inmersión en nosotros mismos, una destrucción de las relaciones entre nosotros y la vida, una sombra agitada de la muerte.
El mismo vivir es morir, porque no tenemos un día de más en nuestra vida que en sí mismo no nos dé el tener un día de menos.
Habitamos sueños, somos sombras errando a través de florestas imposibles donde los árboles son casas, costumbres, ideas, ideales y filosofías.
¡No encontrar nunca a Dios, no saber ni siquiera si Dios existe! Pasar de un mundo a otro, de una encarnación a otra, siempre con la ilusión que nos acaricia, siempre en el error que nos halaga.
¡Nunca la verdad, nunca una parada! ¡Nunca la unión con Dios! ¡Nunca completamente en paz, sino sólo siempre un poco de ella, siempre le deseo de ella!
sábado, 18 de enero de 2014
Destino
En los paisajes corredizos de la ventana del bus se dibujan mejor los futuros que crea en su cabeza. En el acolchado sillón azul se le hace imposible no hilvanar los recuerdos de una ausencia, que empiezan a brotar a borbotones mientras cruza ciudades y pueblos. Los caminos de la fatalidad lo llevan al encuentro que evitó con todas y cada una de las facultades de la consciencia, y lo sabe, mas no quiere caer en el cliché de ser la víctima de una historia triste, ni en la eventualidad de arreglar algo que en principio no está dañado.
El viaje hasta ahora ha sido placentero, en el bus sólo hay tres pasajeros más y el aire acondicionado los mantiene en una burbuja ajena a las inclemencias del clima que a veces se dejan caer en las visiones de la frontera. Su reflejo en el vidrio lo pone frente a la posibilidad de tener los mismos labios gruesos de aquella que va a encontrar, quizás, o alguna particularidad en los ojos oscuros que comparten por cuestiones de genética. Sabe en el fondo de sus certezas más cuidadas, que la presencia de esa desconocida habría sido tan determinante en su vida como lo fue su ausencia, por lo que tiene que agradecerle a la omisión voluntaria de un oficio natural el que hoy se sienta empoderado frente a su destino. Cada pueblo que desfila ante sus ojos, en ese ronroneo de la ruta se va quedando con sus memorias más dolorosas, en las fachadas de las capillas coloniales pretende dejar impresos pedazos del alma, es un muchacho sensible, un tanto artista dirían los más ácidos comentaristas de su vida.
Mientras cruza la frontera, a sus largos dedos los despoja de dos anillos, quiere impregnar el momento con un tinte ceremonial, pretende llegar limpio, sin adornos, si pudiera cruzaría desnudo; los arroja por la ventana a intervalos irregulares cada que su mente pare un recuerdo: aquella vez en el que su hermana lo encontró llorando bajo la cama en un día de madres, o el día en que su madre biológica le gritó bastardo, la primera y única ocasión en que compartió un espacio con ella. Se acomoda para dormir, pensar no le hace bien, además no sirve para nada, lo que ha de pasar pasará, en el momento preciso tendrá que tomar una decisión alrededor de la cual no vale la pena gastar cavilaciones antes o después, fácil. Cualquier posición que adopta en su cabeza le parece postiza, sabe muy bien que es un gran artista, lo que sea que eso signifique, o que eso es lo que dicen muchos, que tiene comunicación directa con la muerte según los videntes que consulta, y que está tan alejado del hombre común que desprecia situarse en el lugar de oprimido en su historia.
Dormir en un bus es un estado alterado de la consciencia bastante peculiar, varios sueños irrecordables se suceden mientras uno va y vuelve entre la vigilia y el sopor.
Las razones que lo llevan a abandonar su país para encontrarse con el mar de otra tierra no son importantes, son nimiedades comparadas con la gran carga de palabras que lo buscan.
En el camino fantasea con no tener que llegar nunca, con que no exista puerto alguno en qué atracar, de sus viajes la peor parte siempre es esa, tener que bajarse del bus. Ir, estar yendo, mirar paisajes a través de una ventana, oler el aire de distintas ciudades, sorprenderse con la arquitectura diversa o simplemente tratar de adivinar costumbres tras las caras de los habitantes de esos lugares es bastante divertido. Es extraño como se da cuenta mientras el paseo lo entretiene que siempre quiso que la vida, el destino o lo que fuera, tomara venganza en su nombre, siempre quiso que la muy mentada ley del karma en verdad existiera, que los cuerpos apetecidos de todos sus amantes se rebelaran contra ellos en las horas de su pasión o que las calumnias y habladurías de la gente vulgar se devolvieran a las bocas de donde salieron a dentelladas asesinas.
Así entre pensamientos varios se le va yendo el viaje, le sorprende lo difícil que es concentrarse solamente en mirar por la ventana y el esfuerzo titánico que hay que hacer para traerse de vuelta a la realidad luego de escapar entre ideas, la mente es como una cometa a la que hay que halar cada tanto para que no se la lleve el viento. No se acuerda del momento preciso en que cruzó la frontera, no sintió nada especial al hacerlo, al parecer las fronteras son algo más imaginario que real. Siempre se aferró a la creencia infantil de que al cambiar de país el aire iba a ser diferente, los colores se alterarían o alguna sensación en su cuerpo delataría el tránsito, pero no, el asunto es tan carente de magia como el resto de cosas. Una lástima, se acaba de dar cuenta de que está en otro país por un triste letrero de fondo azul.
El resto del viaje es igual de frustrante, nada nuevo, todo lo que sucede es lo que le puede suceder a cualquier humano normal, siente ganas de orinar, siente ganas de dormir, siente ganas de joder y de fumar.
Bajarse del autobús con un fracaso presentido no es un buen comienzo y él lo sabe, aún así no puede evitar ser lo que en ese momento es con todas las ganas que su voluntad imprime, porque sabe que nada pasa en él que no sea su voluntad, aunque no tiene la menor idea de qué es eso.
En realidad no sabe nada, se atora en la ignorancia de si mismo y le da lidia tener que estárselo recordando cada vez que se siente seguro de algo, pero vale, así es él, un tanto raro. Las calles del nuevo país son iguales a las del viejo, el aire parece ser el mismo, aunque nunca se ha entrenado en ese tipo de cata. A lado y lado de las calles hay casas y edificios, las arquitecturas se actualizan y envejecen a gusto de los propietarios, casas coloniales y magníficos edificios modernos. Teme acercarse de nuevo a la realidad consensuada, a tener que hablar de asuntos terrenales, conocidos y comunes, aborrece la idea de tener que rebajarse a pedirle explicaciones a su madre biológica, pero sabe que antes de ser genio, tiene que ser hombre, y tiene que agotar las experiencias del simio bípedo pensante común.
Las calles están llenas de gente igual con acento diferente, no hay absolutamente ninguna posibilidad de descripción que pueda alejarnos, a ti lector y a mi narrador, del tedio de lo normal. Daniel, él, el protagonista de esta historia se dirige ahora a la casa de su madre, el mapa que tiene es demasiado ajeno a las calles que transita, precisa la ayuda de desconocidos caminantes y la obtiene. Llega a una casa con puerta verde metálica y golpea, golpea, golpea. No obtiene respuesta, golpea, golpea golpea. No obtiene respuesta, golpea, golpea, golpea. Media hora.
Escribe una carta, con todo lo que imaginó decirle frente a frente y da por zanjado este asunto al deslizarla bajo esa puerta verde metálica.
El viaje hasta ahora ha sido placentero, en el bus sólo hay tres pasajeros más y el aire acondicionado los mantiene en una burbuja ajena a las inclemencias del clima que a veces se dejan caer en las visiones de la frontera. Su reflejo en el vidrio lo pone frente a la posibilidad de tener los mismos labios gruesos de aquella que va a encontrar, quizás, o alguna particularidad en los ojos oscuros que comparten por cuestiones de genética. Sabe en el fondo de sus certezas más cuidadas, que la presencia de esa desconocida habría sido tan determinante en su vida como lo fue su ausencia, por lo que tiene que agradecerle a la omisión voluntaria de un oficio natural el que hoy se sienta empoderado frente a su destino. Cada pueblo que desfila ante sus ojos, en ese ronroneo de la ruta se va quedando con sus memorias más dolorosas, en las fachadas de las capillas coloniales pretende dejar impresos pedazos del alma, es un muchacho sensible, un tanto artista dirían los más ácidos comentaristas de su vida.
Mientras cruza la frontera, a sus largos dedos los despoja de dos anillos, quiere impregnar el momento con un tinte ceremonial, pretende llegar limpio, sin adornos, si pudiera cruzaría desnudo; los arroja por la ventana a intervalos irregulares cada que su mente pare un recuerdo: aquella vez en el que su hermana lo encontró llorando bajo la cama en un día de madres, o el día en que su madre biológica le gritó bastardo, la primera y única ocasión en que compartió un espacio con ella. Se acomoda para dormir, pensar no le hace bien, además no sirve para nada, lo que ha de pasar pasará, en el momento preciso tendrá que tomar una decisión alrededor de la cual no vale la pena gastar cavilaciones antes o después, fácil. Cualquier posición que adopta en su cabeza le parece postiza, sabe muy bien que es un gran artista, lo que sea que eso signifique, o que eso es lo que dicen muchos, que tiene comunicación directa con la muerte según los videntes que consulta, y que está tan alejado del hombre común que desprecia situarse en el lugar de oprimido en su historia.
Dormir en un bus es un estado alterado de la consciencia bastante peculiar, varios sueños irrecordables se suceden mientras uno va y vuelve entre la vigilia y el sopor.
Las razones que lo llevan a abandonar su país para encontrarse con el mar de otra tierra no son importantes, son nimiedades comparadas con la gran carga de palabras que lo buscan.
En el camino fantasea con no tener que llegar nunca, con que no exista puerto alguno en qué atracar, de sus viajes la peor parte siempre es esa, tener que bajarse del bus. Ir, estar yendo, mirar paisajes a través de una ventana, oler el aire de distintas ciudades, sorprenderse con la arquitectura diversa o simplemente tratar de adivinar costumbres tras las caras de los habitantes de esos lugares es bastante divertido. Es extraño como se da cuenta mientras el paseo lo entretiene que siempre quiso que la vida, el destino o lo que fuera, tomara venganza en su nombre, siempre quiso que la muy mentada ley del karma en verdad existiera, que los cuerpos apetecidos de todos sus amantes se rebelaran contra ellos en las horas de su pasión o que las calumnias y habladurías de la gente vulgar se devolvieran a las bocas de donde salieron a dentelladas asesinas.
Así entre pensamientos varios se le va yendo el viaje, le sorprende lo difícil que es concentrarse solamente en mirar por la ventana y el esfuerzo titánico que hay que hacer para traerse de vuelta a la realidad luego de escapar entre ideas, la mente es como una cometa a la que hay que halar cada tanto para que no se la lleve el viento. No se acuerda del momento preciso en que cruzó la frontera, no sintió nada especial al hacerlo, al parecer las fronteras son algo más imaginario que real. Siempre se aferró a la creencia infantil de que al cambiar de país el aire iba a ser diferente, los colores se alterarían o alguna sensación en su cuerpo delataría el tránsito, pero no, el asunto es tan carente de magia como el resto de cosas. Una lástima, se acaba de dar cuenta de que está en otro país por un triste letrero de fondo azul.
El resto del viaje es igual de frustrante, nada nuevo, todo lo que sucede es lo que le puede suceder a cualquier humano normal, siente ganas de orinar, siente ganas de dormir, siente ganas de joder y de fumar.
Bajarse del autobús con un fracaso presentido no es un buen comienzo y él lo sabe, aún así no puede evitar ser lo que en ese momento es con todas las ganas que su voluntad imprime, porque sabe que nada pasa en él que no sea su voluntad, aunque no tiene la menor idea de qué es eso.
En realidad no sabe nada, se atora en la ignorancia de si mismo y le da lidia tener que estárselo recordando cada vez que se siente seguro de algo, pero vale, así es él, un tanto raro. Las calles del nuevo país son iguales a las del viejo, el aire parece ser el mismo, aunque nunca se ha entrenado en ese tipo de cata. A lado y lado de las calles hay casas y edificios, las arquitecturas se actualizan y envejecen a gusto de los propietarios, casas coloniales y magníficos edificios modernos. Teme acercarse de nuevo a la realidad consensuada, a tener que hablar de asuntos terrenales, conocidos y comunes, aborrece la idea de tener que rebajarse a pedirle explicaciones a su madre biológica, pero sabe que antes de ser genio, tiene que ser hombre, y tiene que agotar las experiencias del simio bípedo pensante común.
Las calles están llenas de gente igual con acento diferente, no hay absolutamente ninguna posibilidad de descripción que pueda alejarnos, a ti lector y a mi narrador, del tedio de lo normal. Daniel, él, el protagonista de esta historia se dirige ahora a la casa de su madre, el mapa que tiene es demasiado ajeno a las calles que transita, precisa la ayuda de desconocidos caminantes y la obtiene. Llega a una casa con puerta verde metálica y golpea, golpea, golpea. No obtiene respuesta, golpea, golpea golpea. No obtiene respuesta, golpea, golpea, golpea. Media hora.
Escribe una carta, con todo lo que imaginó decirle frente a frente y da por zanjado este asunto al deslizarla bajo esa puerta verde metálica.
lunes, 9 de diciembre de 2013
Disertaciones lisérgicas.
Soy el individuo que deja atrás el cadáver de la ley del padre y a su madre, la naturaleza violada.
Tras de mi siglos de batallas de ideas feroces, vociferantes proclamas de salvadores postizos; llantos, sangre, sudor y lágrimas. Me presento al futuro desnudo, tal cual soy, sin ley natural, cargo a rastras el cadáver del padre. Yo maté a dios, lo busqué tras la última seguridad firme y lo cacé con cebicia, me lo comí y después lo cagué, porque pude.
Maté a dios, el mundo se quedó sin tener de dónde colgar y yo lo usé de collar.
Soy el individuo, ando vestido de dios y mil voluntades me sostienen. Trás de mi una historia de condicionamientos, entiendo que soy como soy como consecuencia de luchas pasadas. Soy el reducto de lo prohibido, soy lo que queda de la transgresión de la última ley. En mi la perversión vive su último día y se retuerce en agonía.
Soy todo lo que dios prohibió ser, soy todo lo que la naturaleza negó la posibilidad de ser. Cargo en mi el cadáver de mi padre y de mi madre, y entiendo que nunca fueron tal cosa, porque ley, naturaleza y vida fueron después de esto que soy.
No hay ley que romper, no hay padre a quién culpar o madre ante quién quejarse. Hay un desastre en la habitación producto del primer juego que quise jugar.
El juego ya no es divertido, luchar contra lo prohibido me dejó al descubierto, reconozco las fuerzas de la historia, entreveo los hilos del futuro, soy el individuo que se sabe condicionado por una historia anterior a su existencia y empoderado en el presente por este conocimiento.
Soy el individuo ante su historia, poniendo la cara y aceptando la responsabilidad, dispuesto a cumplir la pena por haber matado. Mis manos manchadas de sangre se plantan frente al abismo y las convierto en plumas.
Ante mi un mundo de posibilidades ajenas y extrañas a la razón, último desecho conservado de la ley.
El juego ha sido mío, condicionado por mi historia, ahora aburrido, con ganas de mirar a otra parte me voy a otras historias. Encuentro en todas partes lo mismo, todo era yo, padre y madre eran yo, ley y naturaleza eran yo y estaba jugando hace tanto tiempo que había olvidado que todo no era más que un juego.
Mi trabajo ahora es limpiar el desorden.
El gran hombre pasó y dejó tras de si un desastre infernal, mi trabajo es recoger la basura, reciclarla para darle la forma que me convenga.
Ante mi dioses e ideologías, movimientos, manifiestos, todos ellos muertos, obsoletos, insostenibles, caducos que dejaron un mundo asqueroso, putrefacto, en avanzado estado de descomposición, al borde de la muerte.
Soy el que se yergue sobre las montañas de basura dispuesto a limpiar el desastre, a recibir la vieja información y actualizarla a una versión más limpia.
Vengo por un mundo limpio, soy el hombre limpio, en mi resbalan vicios y virtudes, en mi mano el hacer y en mi mente el decir unidos bajo el imperio de mi reverendísima voluntad de mi.
La historia me dejó sucio y vengo dispuesto a limpiarme, rehuyo a la crítica y al halago, mi espíritu es orgánico y ajustado a lo que funciona con limpieza.
Vine a limpiar el desastre del último juego de la ley del padre, ya no juego más en el tablero de la razón, mi presencia está en las calles y no se puede explicar.
Mi movimiento es profundo y no obedece a interés alguno, no obedece a ninguna voluntad, solo a la mía.
No puede ser tomado por idea, dios o cultura alguna, pues supera con creces cualquier lenguaje.
El juego nuevo es en un tablero completamente distinto de la razón y el lenguaje; del último no quedan sino vidrios rotos, el falo que sostenía el mundo yace flácido.
El nuevo juego no existe y ya lo estoy jugando y voy ganando-perdiendo a partes iguales.
Hay algo que se asoma en el abismo cuando lo juego y no soy yo.
Soy el primer hombre adulto.
Soy responsable de dolores y alegrías y cumplo servicio comunitario, remuevo de las calles la basura de las ideas; cruces, estrellas y lunas son basura que reciclo y uso de adorno, estoy limpiando.
En mi quedan obligaciones pendientes del último juego y las estoy cumpliendo, pero ya no hay dios ni ley natural.
Mi misión es purificar el mundo, librarlo de vicios y virtudes, actúo en el presente ajeno a cualquier futuro.
No quepo en las enciclopedias, mi iluminación no está más en las letras.
Mi preocupación última es limpiar y desinfectar.
Soy el sanador y vengo herido de historia, dispuesto a recoger mi propio des-orden.
Quiero dejar el mundo limpio.
Estoy destapando cañerías, quitando moho de ideas, mi detergente es la evidencia.
Mi actualidad no es vanguardia, no porto ningún estandarte, no hay en mi ninguna distinción, vine a salvar al mundo de las consecuencias de mi historia, soy simple y limpio, fugaz, irrastreable, inodoro, incípido, imperceptible, inenarrable. (Guiño, guiño)
En mi no hay conflicto, soy caótico y caota.
Tras de mi siglos de batallas de ideas feroces, vociferantes proclamas de salvadores postizos; llantos, sangre, sudor y lágrimas. Me presento al futuro desnudo, tal cual soy, sin ley natural, cargo a rastras el cadáver del padre. Yo maté a dios, lo busqué tras la última seguridad firme y lo cacé con cebicia, me lo comí y después lo cagué, porque pude.
Maté a dios, el mundo se quedó sin tener de dónde colgar y yo lo usé de collar.
Soy el individuo, ando vestido de dios y mil voluntades me sostienen. Trás de mi una historia de condicionamientos, entiendo que soy como soy como consecuencia de luchas pasadas. Soy el reducto de lo prohibido, soy lo que queda de la transgresión de la última ley. En mi la perversión vive su último día y se retuerce en agonía.
Soy todo lo que dios prohibió ser, soy todo lo que la naturaleza negó la posibilidad de ser. Cargo en mi el cadáver de mi padre y de mi madre, y entiendo que nunca fueron tal cosa, porque ley, naturaleza y vida fueron después de esto que soy.
No hay ley que romper, no hay padre a quién culpar o madre ante quién quejarse. Hay un desastre en la habitación producto del primer juego que quise jugar.
El juego ya no es divertido, luchar contra lo prohibido me dejó al descubierto, reconozco las fuerzas de la historia, entreveo los hilos del futuro, soy el individuo que se sabe condicionado por una historia anterior a su existencia y empoderado en el presente por este conocimiento.
Soy el individuo ante su historia, poniendo la cara y aceptando la responsabilidad, dispuesto a cumplir la pena por haber matado. Mis manos manchadas de sangre se plantan frente al abismo y las convierto en plumas.
Ante mi un mundo de posibilidades ajenas y extrañas a la razón, último desecho conservado de la ley.
El juego ha sido mío, condicionado por mi historia, ahora aburrido, con ganas de mirar a otra parte me voy a otras historias. Encuentro en todas partes lo mismo, todo era yo, padre y madre eran yo, ley y naturaleza eran yo y estaba jugando hace tanto tiempo que había olvidado que todo no era más que un juego.
Mi trabajo ahora es limpiar el desorden.
El gran hombre pasó y dejó tras de si un desastre infernal, mi trabajo es recoger la basura, reciclarla para darle la forma que me convenga.
Ante mi dioses e ideologías, movimientos, manifiestos, todos ellos muertos, obsoletos, insostenibles, caducos que dejaron un mundo asqueroso, putrefacto, en avanzado estado de descomposición, al borde de la muerte.
Soy el que se yergue sobre las montañas de basura dispuesto a limpiar el desastre, a recibir la vieja información y actualizarla a una versión más limpia.
Vengo por un mundo limpio, soy el hombre limpio, en mi resbalan vicios y virtudes, en mi mano el hacer y en mi mente el decir unidos bajo el imperio de mi reverendísima voluntad de mi.
La historia me dejó sucio y vengo dispuesto a limpiarme, rehuyo a la crítica y al halago, mi espíritu es orgánico y ajustado a lo que funciona con limpieza.
Vine a limpiar el desastre del último juego de la ley del padre, ya no juego más en el tablero de la razón, mi presencia está en las calles y no se puede explicar.
Mi movimiento es profundo y no obedece a interés alguno, no obedece a ninguna voluntad, solo a la mía.
No puede ser tomado por idea, dios o cultura alguna, pues supera con creces cualquier lenguaje.
El juego nuevo es en un tablero completamente distinto de la razón y el lenguaje; del último no quedan sino vidrios rotos, el falo que sostenía el mundo yace flácido.
El nuevo juego no existe y ya lo estoy jugando y voy ganando-perdiendo a partes iguales.
Hay algo que se asoma en el abismo cuando lo juego y no soy yo.
Soy el primer hombre adulto.
Soy responsable de dolores y alegrías y cumplo servicio comunitario, remuevo de las calles la basura de las ideas; cruces, estrellas y lunas son basura que reciclo y uso de adorno, estoy limpiando.
En mi quedan obligaciones pendientes del último juego y las estoy cumpliendo, pero ya no hay dios ni ley natural.
Mi misión es purificar el mundo, librarlo de vicios y virtudes, actúo en el presente ajeno a cualquier futuro.
No quepo en las enciclopedias, mi iluminación no está más en las letras.
Mi preocupación última es limpiar y desinfectar.
Soy el sanador y vengo herido de historia, dispuesto a recoger mi propio des-orden.
Quiero dejar el mundo limpio.
Estoy destapando cañerías, quitando moho de ideas, mi detergente es la evidencia.
Mi actualidad no es vanguardia, no porto ningún estandarte, no hay en mi ninguna distinción, vine a salvar al mundo de las consecuencias de mi historia, soy simple y limpio, fugaz, irrastreable, inodoro, incípido, imperceptible, inenarrable. (Guiño, guiño)
En mi no hay conflicto, soy caótico y caota.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Trampa.
Es absolutamente innecesario describirme.
Decir donde estoy y mostrar mis motivaciones coarta totalmente la libertad mía de mi, yo personaje y punto. No importa si soy bonito, feo, inteligente, sabio, bruto, acaparador, silencioso, inodoro, salado, amistoso, solo basta al lector saber que soy humano, y como humano soy todo lo que un humano pueda ser como mejor se le antoje. Lo único que importa es mi historia total y sincera, descarnada, en esencia, sin adornos, e importa porque yo quiero que importe, porque soy yo personaje quien imprime voluntad triunfante a yo trama. Y yo todo no hace parte sino de la enredada madeja de trivialidades inservibles con las que me visto porque me da la gana.
Así, porque si, porque no existe y es imposible encontrar tras el velo de lo real cualquier brillo que delate el oro del deseo puro. La motivación perfecta y esencial en su estado natural no es sino la mezcla de voluntades que se entretejen para formar castillos en el aire, castillos que son también aire.
Es mediocridad rampante, ausencia de posibilidad de descripción, alejamiento de los sentidos, disolución de testigo que sepa hablar, es ganas de no hacer lo mismo, de no seguir regla ni técnica para crear mi historia, ganas de contar un cuento que no se cuente, de escribir algo que no se entienda sino al sesgo. Enredar en la confesión del yo escritor la posibilidad de existencia real del pensamiento puro, desarraigado y etéreo, vaporoso, sin rumbo, inasible, intangible. Crear un hechizo, una sucesión de palabras altisonantes para internarse como leproso en tierra de leprosos, sin esfuerzo, rasgada la piel por el viento, arrastradas las heridas en una sopa de intermitencias aupadas en la consciencia del caos.
Sencillez, paso lento, seguro, fluido, corte mortal suave, imposible de sentir, total mimetismo con lo que se cree esperar, con lo que se quiere querer.
Decir donde estoy y mostrar mis motivaciones coarta totalmente la libertad mía de mi, yo personaje y punto. No importa si soy bonito, feo, inteligente, sabio, bruto, acaparador, silencioso, inodoro, salado, amistoso, solo basta al lector saber que soy humano, y como humano soy todo lo que un humano pueda ser como mejor se le antoje. Lo único que importa es mi historia total y sincera, descarnada, en esencia, sin adornos, e importa porque yo quiero que importe, porque soy yo personaje quien imprime voluntad triunfante a yo trama. Y yo todo no hace parte sino de la enredada madeja de trivialidades inservibles con las que me visto porque me da la gana.
Así, porque si, porque no existe y es imposible encontrar tras el velo de lo real cualquier brillo que delate el oro del deseo puro. La motivación perfecta y esencial en su estado natural no es sino la mezcla de voluntades que se entretejen para formar castillos en el aire, castillos que son también aire.
Es mediocridad rampante, ausencia de posibilidad de descripción, alejamiento de los sentidos, disolución de testigo que sepa hablar, es ganas de no hacer lo mismo, de no seguir regla ni técnica para crear mi historia, ganas de contar un cuento que no se cuente, de escribir algo que no se entienda sino al sesgo. Enredar en la confesión del yo escritor la posibilidad de existencia real del pensamiento puro, desarraigado y etéreo, vaporoso, sin rumbo, inasible, intangible. Crear un hechizo, una sucesión de palabras altisonantes para internarse como leproso en tierra de leprosos, sin esfuerzo, rasgada la piel por el viento, arrastradas las heridas en una sopa de intermitencias aupadas en la consciencia del caos.
Sencillez, paso lento, seguro, fluido, corte mortal suave, imposible de sentir, total mimetismo con lo que se cree esperar, con lo que se quiere querer.
sábado, 31 de agosto de 2013
El sueño reparador del conde.
Después de una noche terrible, como todas las noches de esa última semana de invierno, el conde de nada, de nobleza inexistente se levantó dispuesto a morir, no quería seguir viviendo si no podía conciliar el sueño; el mundo se le hacía un pedazo de mierda maloliente que le atravesaba la garganta con cada fluctuación de la realidad que en esa eterna vigilia le hacía sospechar que todo no era más que una pesadilla, muy mal ambientada por un mal escritor inconsciente.
Aquejado por los más diversos dolores, desfasado, ajeno al tiempo, incómodo en el cuerpo mismo que se le hacía de otro, se sentó a mirar el amanecer por la ventana del castillo que de castillo no tenía nada, ni muros, ni puertas ni ventanas, excepto un techo exquisitamente decorado con los colores más ácidos que a un pintor drogado se le puedan ocurrir. El sol tardó más de dos días en salir, aunque no se notó porque los gallos no cantaron y cuando por fin lo hizo, su luz era tan pálida que apenas se atrevía la vista a mirarlo con pena; el conde entonces estiró sus patas y pegó un salto fuera del castillo hasta los muros exteriores de la ciudad, y luego saltó a los confines de la ciudad vecina, buscando algún interruptor que permitiera aumentar el brillo o el color del día, cuando lo encontró le tocó volver a cablear todo porque ni para arriba, ni para abajo, ni para la derecha ni para la izquierda parecía acomodarse bien a la vista la luminaria central del sistema soñar. Con su lengua bífida se acicaló el pelaje mientras con gran dolor desenrrollaba sus laminosas y transparentes alas para hacerse el desayuno, sin penas ni glorias, después de haber comido sus ganas de volar le dio por cantar una nana para ver si así, de día se atrevía por fin a conciliar el sueño. La nana resultó ser una canción de batalla que animó a los ciudadanos que lo escucharon a alzarse en armas contra el déspota tirano que los gobernaba, y tras dos siglos de cantarla, se encontró el conde petrificado en una estatua, rodeado de flores y honores de un pueblo agradecido. Sacudiéndose el polvo y todavía sin poder dormir, el hambriento conde vistió de harapos su glorioso cuerpo deshecho y sin gloria, y se marchó al desierto, allí en ese reseco laberinto de muros abiertos se construyó un iglu de arena con un hueco en el techo desde donde quiso cartografiar las nubes del cielo para ayudar a los sedientos caminantes a encontrar la ruta a los verdes pastos de alguna granja lechera, sin éxito, pues resultó que las nubes no eran lo suficientemente estables para aguardar la pluma del científico conde que nunca pisó una academia ni leyó un libro. Al llegar la hora del almuerzo derritió la arena y se preparó un helado aprovechando que nadie estaba a su alrededor para decirle que eso era absurdamente imposible. El sabor era un poco violento, como a sangre fría con azúcar y limón, aún así lo deglutió sin aspavientos y apenas dejó que le tocara la lengua, acaso para salvar las papilas gustativas de un suicidio en masa. Desesperado y desorientado invocó a un genio para que le diera una respuesta a su padecimiento, con tan mala suerte que el genio no tenía muy buen humor y le recetó acetaminofén.
Con sus fuertes manos se arrancó la cabeza y la aventó fuerte hacia las colinas donde le habían dicho se encontraba el oráculo de algún lado, y una vez allí, en 1/5 de su cuerpo original se embriagó son los inciensos del adivino mientras este le contaba que su insomnio se debía a que alguien estaba soñando con él. Advertido por las evidencias, sin cuerpo para transportarse, traspasó su conciencia al viento, y se fue volando a averiguar que imbécil en coma lo había estado soñando por tanto tiempo, barrió hospitales y centros de rehabilitación con tornados y desapareció a todo aquél que encontró durmiendo, destruyó cada organismo con capacidad de soñar hasta que toda la existencia se resumió en la suya.
Al final era él todo lo que había y todo lo que había era él, era él el culpable de soñar su insomnio, y en el descubrimiento de esta última verdad, fue incapaz de despertarse a si mismo.
Aquejado por los más diversos dolores, desfasado, ajeno al tiempo, incómodo en el cuerpo mismo que se le hacía de otro, se sentó a mirar el amanecer por la ventana del castillo que de castillo no tenía nada, ni muros, ni puertas ni ventanas, excepto un techo exquisitamente decorado con los colores más ácidos que a un pintor drogado se le puedan ocurrir. El sol tardó más de dos días en salir, aunque no se notó porque los gallos no cantaron y cuando por fin lo hizo, su luz era tan pálida que apenas se atrevía la vista a mirarlo con pena; el conde entonces estiró sus patas y pegó un salto fuera del castillo hasta los muros exteriores de la ciudad, y luego saltó a los confines de la ciudad vecina, buscando algún interruptor que permitiera aumentar el brillo o el color del día, cuando lo encontró le tocó volver a cablear todo porque ni para arriba, ni para abajo, ni para la derecha ni para la izquierda parecía acomodarse bien a la vista la luminaria central del sistema soñar. Con su lengua bífida se acicaló el pelaje mientras con gran dolor desenrrollaba sus laminosas y transparentes alas para hacerse el desayuno, sin penas ni glorias, después de haber comido sus ganas de volar le dio por cantar una nana para ver si así, de día se atrevía por fin a conciliar el sueño. La nana resultó ser una canción de batalla que animó a los ciudadanos que lo escucharon a alzarse en armas contra el déspota tirano que los gobernaba, y tras dos siglos de cantarla, se encontró el conde petrificado en una estatua, rodeado de flores y honores de un pueblo agradecido. Sacudiéndose el polvo y todavía sin poder dormir, el hambriento conde vistió de harapos su glorioso cuerpo deshecho y sin gloria, y se marchó al desierto, allí en ese reseco laberinto de muros abiertos se construyó un iglu de arena con un hueco en el techo desde donde quiso cartografiar las nubes del cielo para ayudar a los sedientos caminantes a encontrar la ruta a los verdes pastos de alguna granja lechera, sin éxito, pues resultó que las nubes no eran lo suficientemente estables para aguardar la pluma del científico conde que nunca pisó una academia ni leyó un libro. Al llegar la hora del almuerzo derritió la arena y se preparó un helado aprovechando que nadie estaba a su alrededor para decirle que eso era absurdamente imposible. El sabor era un poco violento, como a sangre fría con azúcar y limón, aún así lo deglutió sin aspavientos y apenas dejó que le tocara la lengua, acaso para salvar las papilas gustativas de un suicidio en masa. Desesperado y desorientado invocó a un genio para que le diera una respuesta a su padecimiento, con tan mala suerte que el genio no tenía muy buen humor y le recetó acetaminofén.
Con sus fuertes manos se arrancó la cabeza y la aventó fuerte hacia las colinas donde le habían dicho se encontraba el oráculo de algún lado, y una vez allí, en 1/5 de su cuerpo original se embriagó son los inciensos del adivino mientras este le contaba que su insomnio se debía a que alguien estaba soñando con él. Advertido por las evidencias, sin cuerpo para transportarse, traspasó su conciencia al viento, y se fue volando a averiguar que imbécil en coma lo había estado soñando por tanto tiempo, barrió hospitales y centros de rehabilitación con tornados y desapareció a todo aquél que encontró durmiendo, destruyó cada organismo con capacidad de soñar hasta que toda la existencia se resumió en la suya.
Al final era él todo lo que había y todo lo que había era él, era él el culpable de soñar su insomnio, y en el descubrimiento de esta última verdad, fue incapaz de despertarse a si mismo.
martes, 20 de agosto de 2013
La pasión según G.H. (Clarice Lispector)
Esta es una de las mejores novelas (no se si llamarla así) que he leído en toda mi vida, sino la mejor.
Aunque la historia es simple y se podría resumir en dos líneas, el fondo, el monólogo interior que atraviesa la trama es de las cosas más sinceras, descarnadas, reales que he leído.
Un discurso místico, como todo aquello que resulta de querer decir la verdad mediante la palabra, una herramienta creada para engañar.
Algunas citas del libro:
- Durante las horas de perdición tuve el coraje de no componer ni organizar. Y sobre todo el de no prever... Mis previsiones me cerraban el mundo.
- Ahora sabré reconocer en el rostro común de algunas personas - que ellas olvidaron. Y no saben ya que olvidaron lo que olvidaron.
- Por ahora estoy inventando tu presencia, como un día también no sabré arriesgarme a morir sola, morir es el riesgo mayor, no sabré pasar a la muerte y poner el primer pie en la primera ausencia de mi, también en esa hora última y tan primera inventaré tu presencia desconocida y contigo comenzaré a morir hasta poder aprender sola a no existir, y entonces te liberaré.
- Voy a crear lo que me sucedió. Sólo porque vivir no es narrable. Vivir no es vivible. Tendré que crear sobre la vida. Y sin mentir. Crear sí, mentir no. Crear no es imaginación, es correr el gran riesgo de tener la realidad.
- Vi, si, Vi, y me asusté con la cruda verdad de un mundo cuyo mayor horror es que él está tan vivo que, para admitir que estoy tan viva como él - y mi peor descubrimiento es que estoy tan viva como él, tendré que levantar mi conciencia de vida exterior hasta un punto de crimen contra mi vida personal.
- La gloria dura de estar viva es el horror.
- Desde ya calculo que lo más duro que deberá enfrentar mi vanidad será el juicio de mí misma: tendré toda la apariencia de quien falló, y sólo yo sabré si la falla fue necesaria.
- Cumplí temprano los deberes de mis sentidos, tuve temprano y rápidamente dolores y alegrías - ¿para quedar bien pronto libre de mi pequeño destino humano? y quedar libre para buscar mi tragedia.
- Vi desde que nací y no sabía.
- Sólo la realidad es delicada, mi irrealidad y mi imaginación son más pesadas.
- Pues lo que yo veía con una incomodidad tan penosa y tan espantada y tan inocente, lo que veía era la vida mirándome.
- y sentía con susto y asco que "yo ser" venía de una fuente muy anterior a la humana y, con horror, mucho mayor que la humana.
- Si yo gritase desencadenaría la existencia ¿La existencia de qué? la existencia del mundo. Con reverencia, temía la existencia del mundo para mí.
- De nacer hasta morir es por lo que yo me llamo humana y nunca propiamente moriré.
- Todo mira para todo, todo vive el otro; en este desierto las cosas saben las cosas. Las cosas saben tanto las cosas que a esto... a esto lo llamaré perdón , si quiero salvarme en el plano humano. Es el perdón en sí. Perdón es un atributo de la materia viva.
- qué abismo entre la palabra amor y el amor que no tiene siquiera sentido humano - porque- porque amor es la materia viva. ¿Amor es la materia viva?
- Escucha, delante de la cucaracha viva, el peor descubrimiento fue el de que el mundo no es humano, y de que no somos humanos.
- Lo inhumano es lo mejor de nosotros.
- Todo caso de locura es que alguna cosa ha vuelto. Los posesos no son poseídos por lo que viene, sino por lo que vuelve.
- Para construir un alma posible - un alma cuya cabeza no devore la propia cola -, la ley manda que sólo se quede con lo que es disfrazadamente vivo.
- Pero si sus ojos no me veían, la existencia de ella me existía.
- La hora de vivir es tan infernalmente inexpresiva que es la nada. Aquello que yo llamaba <> estaba entretanto tan adherido a mí que era... ¿yo? y por lo tanto se hacía invisible como yo me era invisible, y se hacía la nada.
- Trascender es una transgresión. ¡Pero permanecer dentro de lo que es, eso exige que no tenga miedo!
- Sentada, subsistiendo, sabía que si las cosas no las llamase saladas o dulces, tristes o alegres o dolorosas o aun con entretonos de mayor sutileza, que solo entonces no trascendería más y permanecería en la propia cosa.
- Me estaba liberando de mi moralidad, y eso era una catástrofe sin fragor y sin tragedia.
-¿Soy moral en la medida en que hago lo que debo, y siento como debería?
- "El escándalo aún es necesario, mas ay de aquél por quien viene el escándalo".
- La ética de la moral es mantenerla en secreto. La libertad es un secreto.
- ¿Amor es cuando no se da nombre a la identidad de las cosas?
- Tenía que existir una bondad tan otra que no se parecería a bondad.
- El pecado renovadamente original es éste: tengo que cumplir mi ley que ignoro, y si no cumplo mi ignorancia, estaré pecando originalmente contra la vida.
- La respiración continua del mundo es aquello que oímos y llamamos silencio.
- Vi, con la falta de compromiso de quién no va a contar ni a sí mismo. Veía, como quien jamás precisará entender lo que vio.
- Ah, ¿Será que originariamente no éramos humanos? ¿y que por necesidad práctica nos hicimos humanos?
- Veía que el infierno era eso: la aceptación cruel del dolor, la solemne falta de piedad por el propio destino, amar más el ritual de vida que a sí mismo - ese era el infierno, donde quien comía la cara viva del otro se revolcaba en la alegría del dolor.
- ¡Y no hay castigo! He ahí el infierno: no hay castigo. Pues en el infierno hacemos el regocijo supremo de lo que sería el castigo, del castigo hacemos en este desierto un éxtasis más de risas con lágrimas, del castigo hacemos en el infierno una esperanza de gozo.
- Me contorsiono para lograr alcanzar el tiempo actual que me rodea, pero sigo remota en relación a este mismo instante. El futuro, ay de mí, es más próximo que el instante ya.
- Soy más aquello que en mí no es.
- El misterio del destino humano es que somos fatales, pero tenemos la libertad de cumplir o no nuestra fatalidad: de nosotros depende realizar nuestro destino fatal.
- Pero de mi depende venir a ser libremente lo que fatalmente soy. Soy dueña de mi fatalidad y, si decido no cumplirla, quedaré fuera de mi naturaleza específicamente viva. Pero si cumplo mi núcleo neutro y vivo, entonces, dentro de mi especie, seré específicamente humana.
- Y no necesito cuidar siquiera de mi alma, ella cuidará fatalmente de mí, y no tengo que hacer para mí misma un alma: tengo tan sólo que elegir vivir. Somos libres, y éste es el infierno.
- Y yo había dado el primer paso: pues por lo menos sabía que un ser humano es una sensibilización, un orgasmo de la naturaleza. Y que sólo por una anomalía de la naturaleza, es que, en vez de ser el dios, así como los otros seres lo son, en vez de serlo, nosotros queríamos verlo.
- La tentación del placer. La tentación es comer directamente en la fuente. La tentación es comer directamente en la ley.
- ¡Yo era ahora peor que yo misma!
- Escucha, existe una cosas que se llama santidad humana, y que no es la de los santos. Tengo miedo de que ni el Dios comprenda que la santidad humana es más peligrosa que la santidad divina, que la santidad de los laicos es más dolorosa. Aunque el propio Cristo haya sabido que si con él había hecho lo que hicieron, son nosotros haría mucho más, pues él había dicho: "Si hicieron esto con el ramo verde, ¿Qué harán con los secos?"
- Tú, tu fulgor del silencio. Yo no soy Tú, pero mi eres Tú. Sólo por eso jamás podré sentirme directamente porque eres mi.
- ¿Había pedido la cosa más peligrosa y prohibida? arriesgando mi alma, ¿habría osadamente elegido ver Dios?
- A mí, como a todo el mundo me fuera dado todo, pero yo había querido más: había querido saber de ese todo. Y había vendido mi alma para saber. Pero ahora entendía que no la había vendido al demonio, sino mucho más peligrosamente a Dios.
- Yo tenía la capacidad de la pregunta, pero no la de oír la respuesta.
- ¿Para mí la cosas tendrá que reducirse a ser apenas aquello que rodea lo intocable de la cosa?
- Y quiero más que la envoltura que también amo. Quiero lo que Te amo.
- Lo que existe golpea con fuertes olas contra el grano inquebrantable que soy.
- El nombre es un acrecentamiento e impide el contacto con la cosa. El nombre de la cosa es un intervalo para la cosa. La voluntad de acrecentamiento es grande - porque la cosa desnuda es tan tediosa.
- La naturaleza es lo atonal exasperado, fue así que los mundos se formaron: lo atonal se exasperó.
- Y la leche materna, que es humana, la leche materna está muco antes de lo humano, y no tiene gusto, no es nada, ya la probé.
- Es precisamente con los ojos que vemos a Dios. Y si postergo la cara de la realidad para después de mi muerte - es por astucia, porque prefiero estar muerta en la hora de Verlo y así pienso que no lo veré realmente, así como sólo tengo coraje de soñar verdaderamente cuando estoy durmiendo.
- Prescindir de la esperanza significa que tengo que comenzar a vivir, y no tan sólo a prometerme la vida.
- No tenía coraje de dejar de ser una promesa y me prometía, así como un adulto que no tiene coraje de ver que ya es adulto y continúa prometiéndose la madurez.
- Aquello que haga del pedido y de la carencia- ésta será la vida que habré hecho de mi vida.
- No es para nosotros que brota la leche de la vaca pero nosotros la bebemos. La flor no fue hecha para ser mirada por nosotros, ni para que sintamos su olor, y la miramos y la olemos. La vía láctea no existe para que sepamos de su existencia, pero sabemos. Y sabemos Dios. Y lo que de él precisamos lo extraemos. (No sé a qué llamo Dios, pero así puede llamárselo). Si sólo sabemos muy poco de Dios, es porque precisamos poco: sólo tenemos de Él lo que fatalmente nos basta, sólo tenemos de Dios lo que cabe en nosotros. (La nostalgia no es del Dios que nos falta, es la nostalgia de nosotros mismos que no somos bastante; sentimos falta de nuestra grandeza imposible - mi actualidad inalcanzable es mi paraíso perdido).
- Él no nació para nosotros, ni nosotros para Él, nosotros y Él somos al mismo tiempo.
- Pues ser real es asumir la propia promesa: asumir la propia inocencia y retomar el gusto del cual nunca se tuvo conciencia: el gusto de lo vivo.
- La gradual desmitificación de sí mismo es el verdadero trabajo que se hace bajo el trabajo, aparente, la vida es una misión secreta.
- Hasta que al fin me sea revelado que la vida en mi no tiene mi nombre.
- Sólo puedo alcanzar la despersonalización de la mudez si antes he construido una voz.
- ... donde el dolor no es ninguna cosa que nos sucede, sino lo que somos... La condición humana es la pasión de Cristo.
- La realidad antes de mi lenguaje existe como un pensamiento que no se piensa, pero por fatalidad fui y soy llevada a precisar saber lo que el pensamiento piensa.
- Seremos inhumanos - como la más alta conquista del hombre.
- Sólo puedo imaginarme pensando y sintiendo, dos atributos de serse, y no consigo imaginarme siendo apenas, y prescindiendo del resto. Ser apenas - eso me daría una enorme falta de qué hacer.
- Lo indecible solo me podrá ser dado a través del fracaso de mi lenguaje.
- En materia de vivir nunca se puede llegar antes.
- No alcanzaría jamás mi raíz, pero mi raíz existía.
- El mundo no dependía de mi - ésta era la confianza a la que había llegado: el mundo no dependía de mí, y no entiendo lo que estoy diciendo, ¡nunca! nunca más comprenderé lo que diga. Pues ¿Cómo podría decir sin que la palabra mintiese por mi? cómo podré decir sino tímidamente así: la vida se me es. La vida se me es y no entiendo lo que dijo. Y entonces adoro...
Aunque la historia es simple y se podría resumir en dos líneas, el fondo, el monólogo interior que atraviesa la trama es de las cosas más sinceras, descarnadas, reales que he leído.
Un discurso místico, como todo aquello que resulta de querer decir la verdad mediante la palabra, una herramienta creada para engañar.
Algunas citas del libro:
- Durante las horas de perdición tuve el coraje de no componer ni organizar. Y sobre todo el de no prever... Mis previsiones me cerraban el mundo.
- Ahora sabré reconocer en el rostro común de algunas personas - que ellas olvidaron. Y no saben ya que olvidaron lo que olvidaron.
- Por ahora estoy inventando tu presencia, como un día también no sabré arriesgarme a morir sola, morir es el riesgo mayor, no sabré pasar a la muerte y poner el primer pie en la primera ausencia de mi, también en esa hora última y tan primera inventaré tu presencia desconocida y contigo comenzaré a morir hasta poder aprender sola a no existir, y entonces te liberaré.
- Voy a crear lo que me sucedió. Sólo porque vivir no es narrable. Vivir no es vivible. Tendré que crear sobre la vida. Y sin mentir. Crear sí, mentir no. Crear no es imaginación, es correr el gran riesgo de tener la realidad.
- Vi, si, Vi, y me asusté con la cruda verdad de un mundo cuyo mayor horror es que él está tan vivo que, para admitir que estoy tan viva como él - y mi peor descubrimiento es que estoy tan viva como él, tendré que levantar mi conciencia de vida exterior hasta un punto de crimen contra mi vida personal.
- La gloria dura de estar viva es el horror.
- Desde ya calculo que lo más duro que deberá enfrentar mi vanidad será el juicio de mí misma: tendré toda la apariencia de quien falló, y sólo yo sabré si la falla fue necesaria.
- Cumplí temprano los deberes de mis sentidos, tuve temprano y rápidamente dolores y alegrías - ¿para quedar bien pronto libre de mi pequeño destino humano? y quedar libre para buscar mi tragedia.
- Vi desde que nací y no sabía.
- Sólo la realidad es delicada, mi irrealidad y mi imaginación son más pesadas.
- Pues lo que yo veía con una incomodidad tan penosa y tan espantada y tan inocente, lo que veía era la vida mirándome.
- y sentía con susto y asco que "yo ser" venía de una fuente muy anterior a la humana y, con horror, mucho mayor que la humana.
- Si yo gritase desencadenaría la existencia ¿La existencia de qué? la existencia del mundo. Con reverencia, temía la existencia del mundo para mí.
- De nacer hasta morir es por lo que yo me llamo humana y nunca propiamente moriré.
- Todo mira para todo, todo vive el otro; en este desierto las cosas saben las cosas. Las cosas saben tanto las cosas que a esto... a esto lo llamaré perdón , si quiero salvarme en el plano humano. Es el perdón en sí. Perdón es un atributo de la materia viva.
- qué abismo entre la palabra amor y el amor que no tiene siquiera sentido humano - porque- porque amor es la materia viva. ¿Amor es la materia viva?
- Escucha, delante de la cucaracha viva, el peor descubrimiento fue el de que el mundo no es humano, y de que no somos humanos.
- Lo inhumano es lo mejor de nosotros.
- Todo caso de locura es que alguna cosa ha vuelto. Los posesos no son poseídos por lo que viene, sino por lo que vuelve.
- Para construir un alma posible - un alma cuya cabeza no devore la propia cola -, la ley manda que sólo se quede con lo que es disfrazadamente vivo.
- Pero si sus ojos no me veían, la existencia de ella me existía.
- La hora de vivir es tan infernalmente inexpresiva que es la nada. Aquello que yo llamaba <
- Trascender es una transgresión. ¡Pero permanecer dentro de lo que es, eso exige que no tenga miedo!
- Sentada, subsistiendo, sabía que si las cosas no las llamase saladas o dulces, tristes o alegres o dolorosas o aun con entretonos de mayor sutileza, que solo entonces no trascendería más y permanecería en la propia cosa.
- Me estaba liberando de mi moralidad, y eso era una catástrofe sin fragor y sin tragedia.
-¿Soy moral en la medida en que hago lo que debo, y siento como debería?
- "El escándalo aún es necesario, mas ay de aquél por quien viene el escándalo".
- La ética de la moral es mantenerla en secreto. La libertad es un secreto.
- ¿Amor es cuando no se da nombre a la identidad de las cosas?
- Tenía que existir una bondad tan otra que no se parecería a bondad.
- El pecado renovadamente original es éste: tengo que cumplir mi ley que ignoro, y si no cumplo mi ignorancia, estaré pecando originalmente contra la vida.
- La respiración continua del mundo es aquello que oímos y llamamos silencio.
- Vi, con la falta de compromiso de quién no va a contar ni a sí mismo. Veía, como quien jamás precisará entender lo que vio.
- Ah, ¿Será que originariamente no éramos humanos? ¿y que por necesidad práctica nos hicimos humanos?
- Veía que el infierno era eso: la aceptación cruel del dolor, la solemne falta de piedad por el propio destino, amar más el ritual de vida que a sí mismo - ese era el infierno, donde quien comía la cara viva del otro se revolcaba en la alegría del dolor.
- ¡Y no hay castigo! He ahí el infierno: no hay castigo. Pues en el infierno hacemos el regocijo supremo de lo que sería el castigo, del castigo hacemos en este desierto un éxtasis más de risas con lágrimas, del castigo hacemos en el infierno una esperanza de gozo.
- Me contorsiono para lograr alcanzar el tiempo actual que me rodea, pero sigo remota en relación a este mismo instante. El futuro, ay de mí, es más próximo que el instante ya.
- Soy más aquello que en mí no es.
- El misterio del destino humano es que somos fatales, pero tenemos la libertad de cumplir o no nuestra fatalidad: de nosotros depende realizar nuestro destino fatal.
- Pero de mi depende venir a ser libremente lo que fatalmente soy. Soy dueña de mi fatalidad y, si decido no cumplirla, quedaré fuera de mi naturaleza específicamente viva. Pero si cumplo mi núcleo neutro y vivo, entonces, dentro de mi especie, seré específicamente humana.
- Y no necesito cuidar siquiera de mi alma, ella cuidará fatalmente de mí, y no tengo que hacer para mí misma un alma: tengo tan sólo que elegir vivir. Somos libres, y éste es el infierno.
- Y yo había dado el primer paso: pues por lo menos sabía que un ser humano es una sensibilización, un orgasmo de la naturaleza. Y que sólo por una anomalía de la naturaleza, es que, en vez de ser el dios, así como los otros seres lo son, en vez de serlo, nosotros queríamos verlo.
- La tentación del placer. La tentación es comer directamente en la fuente. La tentación es comer directamente en la ley.
- ¡Yo era ahora peor que yo misma!
- Escucha, existe una cosas que se llama santidad humana, y que no es la de los santos. Tengo miedo de que ni el Dios comprenda que la santidad humana es más peligrosa que la santidad divina, que la santidad de los laicos es más dolorosa. Aunque el propio Cristo haya sabido que si con él había hecho lo que hicieron, son nosotros haría mucho más, pues él había dicho: "Si hicieron esto con el ramo verde, ¿Qué harán con los secos?"
- Tú, tu fulgor del silencio. Yo no soy Tú, pero mi eres Tú. Sólo por eso jamás podré sentirme directamente porque eres mi.
- ¿Había pedido la cosa más peligrosa y prohibida? arriesgando mi alma, ¿habría osadamente elegido ver Dios?
- A mí, como a todo el mundo me fuera dado todo, pero yo había querido más: había querido saber de ese todo. Y había vendido mi alma para saber. Pero ahora entendía que no la había vendido al demonio, sino mucho más peligrosamente a Dios.
- Yo tenía la capacidad de la pregunta, pero no la de oír la respuesta.
- ¿Para mí la cosas tendrá que reducirse a ser apenas aquello que rodea lo intocable de la cosa?
- Y quiero más que la envoltura que también amo. Quiero lo que Te amo.
- Lo que existe golpea con fuertes olas contra el grano inquebrantable que soy.
- El nombre es un acrecentamiento e impide el contacto con la cosa. El nombre de la cosa es un intervalo para la cosa. La voluntad de acrecentamiento es grande - porque la cosa desnuda es tan tediosa.
- La naturaleza es lo atonal exasperado, fue así que los mundos se formaron: lo atonal se exasperó.
- Y la leche materna, que es humana, la leche materna está muco antes de lo humano, y no tiene gusto, no es nada, ya la probé.
- Es precisamente con los ojos que vemos a Dios. Y si postergo la cara de la realidad para después de mi muerte - es por astucia, porque prefiero estar muerta en la hora de Verlo y así pienso que no lo veré realmente, así como sólo tengo coraje de soñar verdaderamente cuando estoy durmiendo.
- Prescindir de la esperanza significa que tengo que comenzar a vivir, y no tan sólo a prometerme la vida.
- No tenía coraje de dejar de ser una promesa y me prometía, así como un adulto que no tiene coraje de ver que ya es adulto y continúa prometiéndose la madurez.
- Aquello que haga del pedido y de la carencia- ésta será la vida que habré hecho de mi vida.
- No es para nosotros que brota la leche de la vaca pero nosotros la bebemos. La flor no fue hecha para ser mirada por nosotros, ni para que sintamos su olor, y la miramos y la olemos. La vía láctea no existe para que sepamos de su existencia, pero sabemos. Y sabemos Dios. Y lo que de él precisamos lo extraemos. (No sé a qué llamo Dios, pero así puede llamárselo). Si sólo sabemos muy poco de Dios, es porque precisamos poco: sólo tenemos de Él lo que fatalmente nos basta, sólo tenemos de Dios lo que cabe en nosotros. (La nostalgia no es del Dios que nos falta, es la nostalgia de nosotros mismos que no somos bastante; sentimos falta de nuestra grandeza imposible - mi actualidad inalcanzable es mi paraíso perdido).
- Él no nació para nosotros, ni nosotros para Él, nosotros y Él somos al mismo tiempo.
- Pues ser real es asumir la propia promesa: asumir la propia inocencia y retomar el gusto del cual nunca se tuvo conciencia: el gusto de lo vivo.
- La gradual desmitificación de sí mismo es el verdadero trabajo que se hace bajo el trabajo, aparente, la vida es una misión secreta.
- Hasta que al fin me sea revelado que la vida en mi no tiene mi nombre.
- Sólo puedo alcanzar la despersonalización de la mudez si antes he construido una voz.
- ... donde el dolor no es ninguna cosa que nos sucede, sino lo que somos... La condición humana es la pasión de Cristo.
- La realidad antes de mi lenguaje existe como un pensamiento que no se piensa, pero por fatalidad fui y soy llevada a precisar saber lo que el pensamiento piensa.
- Seremos inhumanos - como la más alta conquista del hombre.
- Sólo puedo imaginarme pensando y sintiendo, dos atributos de serse, y no consigo imaginarme siendo apenas, y prescindiendo del resto. Ser apenas - eso me daría una enorme falta de qué hacer.
- Lo indecible solo me podrá ser dado a través del fracaso de mi lenguaje.
- En materia de vivir nunca se puede llegar antes.
- No alcanzaría jamás mi raíz, pero mi raíz existía.
- El mundo no dependía de mi - ésta era la confianza a la que había llegado: el mundo no dependía de mí, y no entiendo lo que estoy diciendo, ¡nunca! nunca más comprenderé lo que diga. Pues ¿Cómo podría decir sin que la palabra mintiese por mi? cómo podré decir sino tímidamente así: la vida se me es. La vida se me es y no entiendo lo que dijo. Y entonces adoro...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)