viernes, 17 de junio de 2011

Entrada insomne sin editar.

No se cuánto he avanzado, ni se cuánto me falta, es más ni siquiera se si estoy estancado; ciertamente podría estar haciendo muchas cosas ahora, pero no siento la necesidad, hay algo que me dice que solo espere.
No se si me estoy equivocando al hacerle caso a ese algo, se que muchas cosas ya vienen hacia mi por haber movido un poco las cuerdas del pasado. La montaña que quise escalar ahora me persigue en derrumbe, y yo voy a su encuentro.
Espero, y para mi sorpresa no desespero. Es verdad que mucho de mi ha quedado atrás, es verdad que ahora uso una nueva piel que no he acabado de construirme. Muchas ideas gastadas aún hacen parte de mi cotidianidad y aún no me atrevo a rechazarlas. Conozco muchas de mis caras.
Soy consciente de la rivalidad existente entre mi sombra y mi ego. Avanzo a pasos agigantados por los caminos empantanados de mi mente en reposo.
Disfruto el aparente fracaso y camino como mendigo disfrazado. Siento resbalar de mis manos el destino, aguzo mi oído para encontrar los dictados del sabio que me guía. Encuentro irresistible la opacidad del universo de lo real. y acudo en mi auxilio cuando ya nada me fía.
Ahora es cuando por primera vez me abro a la inconsciencia al escribir y dejo que mis dedos tambaleen dibujando esencias desconocidas.
Auguro buenos sucesos, espero en mi voluntad.
Confino mis pensamientos a las infinidades del abismo.
.
Cuando uno piensa así las cosas cambian, la realidad enmudece.

sábado, 11 de junio de 2011

La maldición del circo.

Quería escribir un cuento que nunca hubiera escrito... y aunque me dio mucho tedio por fin lo terminé.


La maldición del circo.


Todo empezó la mañana en la que el circo llegó al pueblo, era el domingo del Corpus Christi y el padre Ramón se había levantado muy temprano; las hortensias para adornar los cuatro altares de la plaza principal no habían llegado la noche anterior y tenía que encontrar una solución rápida antes de que al párroco le diera por revisar.

Salió con prisa y saludó a los fieles que madrugaban  a misa de 5. Había decidido pedirle a doña Erminia, la que vendía flores en el parque, en nombre de nuestro señor, que donara todas las hortensias y una que otra rosa blanca para poder celebrar con pomposidad tan magno evento.

Le iba a decir que seguramente la santísima vírgen había hecho perder a los mensajeros de la ciudad que traían las hortencias para que ella pudiera alegrar al señor con su desinteresada donación, que Dios sabe como hace sus cosas y que seguramente después del cielo le devolverían el favor. Caminó apresurado por las calles adoquinadas, alzándose la sotana de vez en cuando para no ensuciarla en los charcos.

Buenos días hijo soy el padre Ramón, ¿tu mamá se encuentra?. No padre se fue para el circo a llevar unas hortencias. ¡Madre del cielo!

¿Para qué necesita un circo hortencias? Todo esto parece obra del demonio, claro, como siempre entrometiendose en los asuntos santos.

Ramón no supo qué hacer. Se devolvió cabizbajo y ni saludó a los trabajadores que madrugaban a alimentar sus mulas. Sin darse cuenta en vez de caminar hacia la parroquia terminó al frente del circo.
Pero qué estoy haciendo acá! definitivamente esto es obra del demonio. Quién sabe que abominables artes negras me habrán puesto en este camino. Ya puesto en estas más me vale averiguar que hacen con las hortencias.
El circo estaba estrenando carpa y los vagones del tren estaban recién pintados. No parecía un circo pobre. Los camerinos de los gitanos se veían cómodos.
Buenas. Saludos. Dijo Ramón aproximándose a la entrada de la carpa. Todo olía a nuevo, todo se veía limpio, las rayas azules y rojas de la carpa invitaban a entrar, y el interior dispuesto con al menos 400 sillas sin estrenar atraía a ver el espectáculo sin importar lo aburrido que fuera. Aunque según los carteles el aburrimiento no estaba en el menú.
¡Conozca a la mujer que por una maldición de su madre se convirtió en Araña! decía uno. ¡Pregúntele al mago  que todo lo sabe por la fuente de la juventud! rezaba otro. ¡Conozca a los osos rusos del polo norte!

Hola Ramón. Hacía tiempo nadie lo llamaba por su nombre sin antes anteponer el "padre". Le pareció una falta de respeto pero la voz que estaba a su espalda le causó curiosidad.
Saludos Hija, ¿cómo sabes mi nombre?
Lo se todo sobre ti, conozco tu pasado, tu presente y tu futuro. Se que buscas las hortensias con las que adorno a mis santos.
Ramón, desconcertado, no atinó a decir palabra.
Tómate esta agua de manzanilla, te va a ayudar a dar del cuerpo sin dolor.
Ramón se sonrojó. ¡Pero cómo se atreve!. Mi cuerpo está consagrado al espíritu Santo. ¿Quién es usted mujer impúdica y por qué sabe tanto de mi?
Soy Mayra, la gitana del circo.
¡Bruja!
Ramón salió corriendo de allí, le había molestado en sobremanera escuchar a Mayra.
¡Espera! hagamos una apuesta y si te gano te llevas las flores para que el párroco no te regañe.
Tuvo que frenar y tragarse la rabia un momento, al final era la única salida que tenía para cumplir con la orden de su superior.
¿Qué apuesta mujer del demonio?
Si logras que vaya más gente hoy a misa de 8 que a mi circo te doy las hortensias.

La apuesta estaba sellada. Ramón salió apresurado de la manga donde estaba el circo y avanzó hacia la casa cural. Su plan era avisar por el megáfono que concedería indulgencias plenarias a los que fueran a misa de 8, estaba seguro que todo el pueblo iba a ir. Lo que no se esperaba era que el circo usara también los megáfonos anunciando la aparición de la Anciana Mágica de Oriente que iba a estar curando a todos los que fueran a las 8 al circo gratis.

Pronto las estrechas calles del pueblo se convirtieron en una guerra de sonidos. Por un lado el padre Ramón con sus avemarías y por el otro el circo con su publicidad. Las casas de bareque abrían sus ventanas de par en para para escuchar las noticias y un revoloteo se empezó a armar. Las señoras corrían de casa en casa hablando de la sabia de oriente y de sus superpoderes, decían que a Alicia la hija de Margarita le había curado la tuberculosis con solo mirarla, que eso lo había dicho Don Severo y que a él si había que creerle.

A las 8 am la fila para entrar al circo alcanzaba a darle la vuelta a la manzana. Todo el pueblo estaba ahí.
Mientras tanto el cura párroco le preguntaba a Ramón la razón de la inasistencia de la gente el día sagrado del Corpus Christi.
A Ramón no le quedó más remedio que contarle toda la verdad, sin sospechar siquiera la que se iba a armar.

Mientras todo el pueblo se encontraba embobado mirando hacia el centro de la carpa las proezas de la gitana que hacía caminar a los enfermos, el padre Ramón y el cura párroco se aparecieron con crucifijo en mano, agua bendita y una estola violeta.

¡Va de retro Satán! dijeron los curas amenazantes mientras enarbolaban los crucifijos frente a la gitana.
El pueblo entero se paralizó mientras la gitana muerta de la ira empezaba a escupir blasfemias sobre los dos curas.

La guerra de palabras que nadie entendía duró 15 minutos. Hasta que al final el cura párroco se cansó y en vez de seguir maldiciendo a la gitana, alzó las manos, miró al público y dijo:
Por el poder de la sangre de cristo y la sangre de los dos ladrones, te pido Oh judas arrepentido que maldigas este lugar. Mientras haya carpas de forajidos, y los gitanos anuncien que vendrán, no parará de llover hasta que se puedan marchar. "In nomine patris et fillii et spiritus sancti" pero antes de decir amén, sacó una punta afilada y se cortó la mano haciendo la señal de la cruz en el piso con su sangre. Amén.

De repente se largó un aguacero de padre y señor mío. Los habitantes del pueblo salieron del circo y corrieron a pedir perdón a la iglesia. Mientras la gitana desaparecía en su camerino.

Pasaron dos días y no paraba de llover, el pueblo entero seguía madrugando a misa y prendía cirios pascuales en las casas para que no las quemara un rayo.
 La gitana se armó de cuanta rama conocía y le rezó a todos sus santos, pero no logró contrarrestar la maldición, por lo que al final reconociendo su derrota empacó el circo y se marchó del pueblo.
Desde entonces cada vez que un circo abre sus carpas en el pueblo, nubes cargadas de lluvia se apresuran a cubrir todo el valle.

lunes, 6 de junio de 2011

¿Mi manifiesto?

Hubo una vez en la que pensaba como piensan muchos, y hay un tiempo en el que pienso como muchos piensan.
Sigo opinando de vez en cuando en esos círculos de ideas fijas, en los que cada uno desde su orilla lanza una piedra al mar para ver si los demás se mojan.
Pero ya no me apasiona mi isla, la uso para no ahogarme, cada vez es más el tiempo que paso en el agua.
Al final no se a qué tanto le tienen miedo.
Mucho tiempo huyó de mi este escrito, pero como bien lo dice un libro más "Para todas las cosas hay sazón, y toda voluntad debajo del cielo, tiene su tiempo determinado".
Anuncio que no hay palabra digna de ser elevada por encima del espíritu que habla.
Proclamó la superioridad del hombre sobre las ideas. No hay nada allá afuera por qué morir.
Esta es la voz que grita en el desierto, preparen el camino para el rey que vuelve del exilio. 
Como portavoz de mi voluntad declaro la guerra contra la palabra. 
Exijo a las ideas ajenas someterse a mi voluntad. 
Declaro subyugable el aire que suena en mi garganta y el golpetear de mis dedos en el teclado.
Rechazo  cualquier ismo, y abjuro de dioses y autoridades.
Acepto desechar cualquier idea según la situación y el grado de conveniencia.
Acepto abrazar cualquier idea según la situación y el grado de conveniencia.
En el momento que se me antoje defenderé cualquier idea, ismo, dios o autoridad.
En el momento que se me antoje atacaré cualquier idea, ismo, dios o autoridad.
Bajo ningún pretexto aceptaré ninguna verdad.
Usaré cualquier tipo de lenguaje para mi beneficio cuando me venga en gana.
Usaré el poder de mis ideas para influir en quien me venga en gana.
Daré tanto poder a mis ideas como sea necesario.
Me someteré voluntariamente a ideas ajenas y las alimentaré cuando me convenga.
Si está en mis manos retiro a la muerte el poder de borrar mis palabras.
Lavaré mi sombra a menudo.
A ningún símbolo otorgaré significado absoluto.
Cambiaré el mundo cuando me plazca y como me plazca.
Seré el yo que más me convenga.


No soy lo que pienso, guardo distancia de mis palabras, incluso de estas.





miércoles, 25 de mayo de 2011

De como hacer volar una Gárgola

Llegué a la bóveda central, mi cabeza se elevó y se perdió en los detalles de cada pintura.

Anocheció. Estaba pasmado en una banca de las capillas laterales mirando para adentro, ignorando por completo los dioses de afuera y centrándome en los de verdad cuando la luz de una linterna me sacó del trance.

Disculpe señor ya vamos a cerrar, dijo un vigilante. Me sorprendió ver vigilancia privada en una iglesia, pero pensé que con tanto fanático suelto podría ser una medida necesaria. Me apresuré a salir de la catedral no sin antes tratar de absorber esa sensación de terror que producen las inanimadas figuras del santoral católico alumbradas desde abajo por las velas de los fieles. De noche todo cambia, las pocas velas encendidas contribuyen a aumentar el sentimiento de claustrofobia en una de las construcciones más grandes jamás hechas por el hombre, es un tanto paradójico y tenebroso.

Salí por una de las puertas secundarias, la luna creciente se colgaba de una de las torres y resaltaba las gárgolas y patos dentados que tenían como fin espantar las brujas, vomitando a gotas nubes atrapadas. Siempre me pareció intrigante la mentalidad de los constructores, no entiendo la lógica esa de que un demonio se pone en una catedral para espantar a sus congéneres. Pero bueno, los caminos de la fe no conocen la razón.

Desde el centro de la plaza, la catedral se impone como regente y señora de la ciudad, los reflectores amarillos resaltan los colores de los ladrillos y las sombras muestran la cara justiciera e implacable del dios que encierran.

A las 11:11 pm. mientras toda la ciudad está disfrutando del concierto anual que ofrece el ayuntamiento saco mi celular y con una llamada a la banca donde me senté los ladrillos se estampan en la luna, los patos y gárgolas vuelan por los aires y el dios encarcelado desata su furia al azar sobre los desgraciados a los que llueven hostias del cielo.


viernes, 22 de abril de 2011

¡Salve!

Tengo una molestia en la garganta, una obstrucción del pensamiento, una definición inconclusa.
Este afán iluso, humano, infantil, abrumador de definir todo me ha llevado a un callejón sin salida.
Llegué a un final que es principio, a un es que no está, a un todo que no veo.
La pregunta última de la criatura, la búsqueda del principio, la finalidad de la razón.
A la pregunta de preguntas me enseñaron muchas respuestas, y ninguna me satisface.
No necesito creador ni delator invisible.
No necesito juez, señor ni testigo.
Pero si necesito una palabra que lo encierre todo, necesito a la manera de los viejos judíos encontrar el nombre de Dios.
No necesito perdón, premio o castigo, pero a mi corazón henchido de agradecimiento le gustaría encontrar recipiente.
No reconozco nada superior al espíritu del hombre, pero sigo en la búsqueda de fuentes en el mar.
A aquello a lo que sobran adjetivos y faltan alfabetos, a lo que SOY. ¡Salve!

PD: SOY al revés es YOS 

Esta vieja angustia - Pessoa

Esta vieja angustia, 
esta angustia que traigo hace siglos en mi,
rebasó la vasija, en lágrimas, en grandes imaginaciones,
en sueños al estilo de pesadilla sin terror,
en grandes emociones súbitas sin sentido alguno.
Rebasó.
¡Mal sé cómo conducirme por la vida
con este malestar haciéndome dobleces en el alma!
¡Si al menos enloqueciese de veras!
Pero no: es este estar entre,
este casi,
este poder ser que
esto.
Un interno en un manicomio es, al menos, alguien,
yo soy un interno en un manicomio sin maniconéo.
Estoy loco en frío,
estoy lúcido y loco,
estoy ajeno a todo e igual a todos:
estoy durmiendo despierto con sueños que son locura
porque no son sueños.
Estoy así...
¡Pobre vieja casa de mi infancia perdida!
¡Quién te diría que yo me repeliese tanto!
¿Qué es de tu niño? Está loco.
¿Qué es de quien dormía tranquilo bajo tu techo provinciano?
Está loco.
¿Quién de quien fui? Está loco. Hoy es quien yo soy.
¡Si al menos tuviese una religión cualquiera!
Por ejemplo, por aquel fetiche
que había en casa, allá en aquélla, traído de África.
Era feísimo, era grotesco,
pero había en él la divinidad de todo en lo que se cree.
Si yo pudiese creer en un fetiche cualquiera —
Júpiter, Jehová, la Humanidad —
cualquiera serviría,
¿pues qué es todo sino lo que pensamos de todo?
¡Estalla, corazón de cristal pintado!

miércoles, 20 de abril de 2011

Esa puta pastilla roja...

Que todos se van quedando atrás, y que poco de lo que alumbraba entonces sigue prendido. Aún así son pocos a los que llegó luz y más pocos los que no la ignoraron.
Ni siquiera envidio a las antorchas que se prendieron fuego, envidio tal vez y lo escondo de mi ambición a los que fueron felices.
Vaciarse, romperse y volverse a juntar, el juego de todos los que buscan, solo para regresar a dónde siempre estuvieron, o peor aún para extraviarse en donde nunca estarán, el  lugar común, la metáfora de lo real, la realidad de fantasía.
No hay otra salida más que las que nos dan, no hay nada que inventar, rendirse o gobernar.
No te tomás la pastilla roja una sola vez, te la tomas todos los días, y la azul se hace mas apetitosa a medida que te adentrás más en el juego. Seguís buscando el otro lado del espejo y de repente te das cuenta que siempre estuviste del lado equivocado.