miércoles, 20 de abril de 2011

Temperance

Quería escribir sin que los dioses que inventaron los hombres lo advirtieran. Sus artimañas para quebrar la libertad son insalvables y me dejan atrapado en una cadena de pensamientos tan larga como la historia del universo. Escapar de esta prisión de tan altas paredes no es posible para cortas alas, no puedo liberarme, mi incesante parloteo interno es atizado por miedos y esperanzas infantiles, las promesas de paraísos y castigos de dioses fríos y lejanos, y la constante amenaza de la soledad, el vacío y la insignificancia.

Con la furia y la necesidad de mis pasiones busco islas en un mar de creencias pasajeras, faros de razón en el desvarío de la rutina, voces refrescantes de otros buscadores. Pero a mis llamados responde el silencio, a mis intentos de respirar responde ese mar de todos metiéndose en mi garganta.
Aferrado a nada sigo perdido. Espero señales que me enseñaron a esperar, estoy mojado hasta los tuétanos y el frío me paraliza.

En mi desvarío veo torres cayéndose, sueño despierto con águilas y emperadores, trompetas y juicios.
Los espejismos se convierten en mejores opciones que la realidad, a veces siento ansías de cruzar el límite y entregarme a esa locura.

Me rindo.

Sin esperarlo me veo ahora seco y caliente, soy una isla.
Resultó ser de mi conocimiento la fórmula para elevar demonios al cielo.

domingo, 20 de marzo de 2011

Un mal viaje (Bukowski)

¿Nunca han pensado que el LSD y la televisión color llegaron para nuestro consumo más o menos al mismo tiempo? Nos llega toda ésta pulsación explorativa de color y ¿qué hacemos? Prohibimos una cosa y jodemos la otra. La televisión, desde luego, es inútil en las manos actuales; creo que no hay mucho que discutir al repecto. Y leí que en un registro reciente se declaraba que un agente había recibido una rociada de ácido en la cara, arrojada por un supuesto fabricante de droga. Alucinógena. Esto es también un derroche.
Hay ciertas razones esenciales para prohibir el LSD, el DMT, el STP. Pueden hacer que un hombre pierda permanentemente el juicio. Claro que lo mismo podría aplicarse a la recolección de remolacha, o al trabajo en cadena apretando tornillos en una fábrica de coches o a lavar platos o a enseñar primer curso de inglés en una de las universidades locales. Si prohibiésemos todo lo que vuelve locos a los hombres, toda la estructura social se derrumbaría: el matrimonio, la guerra, las líneas de autobuses, los mataderos, la apicultura, la cirugía, todo lo que se te ocurra. Cualquier cosa puede volver loco a un hombre, porque la sociedad se asienta en bases falsas. Hasta que no lo derribemos todo y lo reconstruyamos, los manicomios seguirán descuidados. Y los recortes que hace nuestro buen gobierno a los presupuestos de los manicomios los tomo como una sugerencia implícita de que a los enloquecidos por la sociedad no debe mantenerlos y curarlos esa misma sociedad, en éste período de inflación y locura fiscal generalizadas. Ese dinero sería mejor para hacer carreteras, o para rociarlo con mucha medida sobre los negros, y que no quemen y arrasen nuestras ciudades. Y tengo una idea espléndida: ¿por qué no asesinar a los locos? Piensa en el dinero que nos ahorraríamos. Incluso un loco come demasiado y necesita un sitio para dormir, y los cabrones son tan repugnantes... chillan y embadurnan de mierda las paredes, y demás. Bastaría con un pequeño cuadro médico que tome las decisiones y un par de enfermeras o enfermeros que tengan buena pinta y que mantengan a un nivel satisfactorio las actividades sexuales extralaborales de los psiquiatras.
En fin, volvamos, más o menos, al LSD. Lo mismo que es cierto que cuanto menos recibes más arriesgas (pensemos en la recolección de remolacha) también es cierto que cuanto más recibes más arriesgas. Cualquier complejidad exploratoria, pintar, escribir poesía, asaltar bancos, ser dictador, etcétera, te lleva a ese punto en que peligro y milagro son casi como hermanos siameses. Raras veces conectas, pero mientras estás en movimiento, la vida es sumamente interesante. Es bastante agradable acostarse con la mujer de otro, pero tú sabes que algún día te van a atrapar con el culo al aire. Esto únicamente hace más placentero el acto. Nuestros pecados se manufacturan en el cielo para crear nuestro propio infierno, cosa que evidentemente necesitamos. Sé lo bastante bueno en cualquier cosa y te crearás tus propios enemigos. Los campeones reciben abucheos. La multitud está deseando verlos hundidos para arrastrarles a su propio cuenco de mierda. Son pocos los idiotas que resultan asesinados; un ganador puede ser liquidado, con un rifle comprado por correo (eso dice la historia) o con su propio rifle en una ciudad pequeña como Ketchum. O como Adolfo y su puta cuando Berlín se desternilla en la última página de su historia.
El LSD puede machacarte también porque no es terreno adecuado para empleados leales. Seguro, el mal ácido, como las malas putas, te puede liquidar. La ginebra casera, el licor de contrabando, también tuvieron su día. La ley crea su propia enfermedad en mercados negros ponzoñosos. Pero, en el fondo, la mayoría de los malos viajes se deben a que el individuo ha sido moldeado y envenenado previamente por la sociedad misma. Si un hombre está preocupado por el alquiler, las cuotas del coche, los horarios, una educación universitaria para su hijo, una cena de doce dólares para su novia, la opinión del vecino, levantarse por la bandera o qué va a pasarle a Brenda Starr, una píldora de LSD probablemente le vuelva loco, porque, en cierto modo ya lo está y sólo soporta las mareas sociales por las rejas externas y los sordos martillos que le hacen insensible a cualquier pensamiento individualista. 
Un viaje exige un hombre que aún no esté enjaulado, un hombre aún no jodido por el gran Miedo que hace funcionar toda la sociedad. Por desgracia, la mayoría de los hombres sobrestiman su mérito y su dignidad como individuos esenciales y libres, y el error de la generación hippie es no confiar en nadie de más de 30. 30 no significa nada. La mayoría de los seres humanos quedan capturados y moldeados, por completo, a la edad de siete u ocho años. Muchos de los jóvenes PARECEN libres pero esto no es más que una cuestión química del organismo y la energía y no algo real del espíritu. He encontrado hombres libres en los sitios más extraños y de TODAS las edades (conserjes, ladrones de coches, lavacoches, y también algunas mujeres libres, la mayoría enfermeras o camareras, y de TODAS las edades). El alma libre es rara, pero la identificas cuando la ves: básicamente porque te sientes a gusto, muy a gusto, cuando estás con ellas o cerca de ellas.
Un viaje de LSD LSD te muestra cosas que no abarcan las reglas. Te muestra cosas que no vienen en los libros de texto, y cosas por las que no puedes reclamar a los concejales del ayuntamiento. La yerba sólo hace más soportable la sociedad presente. El LSD es otra sociedad en sí mismo. Si tienes tendencia social, puede que etiquetes el LSD como "droga alucinógena", lo cual es un medio fácil de eliminar y olvidar el asunto. Pero lo de alucinación, la definición de ella, depende del polo desde el que operes. Todo lo que te está sucediendo en el momento en que lo está, constituye la realidad misma: ya sea una película, un sueño, una relación sexual, un asesinato, que te maten a tí o tomarse un helado. Las mentiras se imponen más tarde; lo que pasa, pasa. Alucinación es sólo una palabra del diccionario y un zanco social.
Cuando un hombre está muriendo, para él es muy real. Para los demás, no es más que mala suerte o algo que hay que esquivar. La funeraria se cuida de todo. Cuando el mundo empiece a admitir que TODAS las partes ajustan en el todo, entonces empezaremos a tener una oportunidad. Todo lo que ve un hombre es real. No lo puso allí una fuerza externa, estaba allí antes de que naciera él. No lo acuses de que lo vea ahora, no le reproches volverse loco porque la educación y las fuerzas espirituales de la sociedad no fueron lo bastante sabias para decirle que la exploración nunca termina. No le digas que debemos ser todos mierdecitas encajonadas en nuestro abecé y nada más. No es el LSD la causa del mal viaje: fue tu madre, tu presidente, la chiquita de la puerta de al lado, el heladero de las manos sucias, un curso de álgebra o de español obligatorios, fue el hedor de una cagada de 1926, fue un hombre de nariz demasiado larga cuando te dijeron que las narices largas eran feas; fue un laxante, fue la brigada Abraham Lincoln, fueron los caramelos y las galletas, fue la cara de Franklin Delano Roosevelt, fueron las gotas de limón, fue el trabajar diez años en una fábrica y que te echaran por llegar un día cinco minutos tarde, fue aquel viejo idiota que te enseñó historia en sexto curso, fue aquel perro tuyo atropellado y el que nadie supiera trazarte el mapa luego, fue una lista de treinta páginas de largo y seis kilómetros de anchura.
¿Un mal viaje? Todo este país, todo este mundo, es un mal viaje, amigo. Pero te meterán en la cárcel por tomarte una píldora. Yo aún sigo con cerveza porque, en realidad, tengo ya cuarenta y siete años y ando muy enganchado. Sería tonto del todo si me creyera libre de todas sus redes. Creo que Jeffers lo expresó muy bien cuando dijo, más o menos, cuidado con las trampas, amigo, hay muchísimas, dicen que hasta Dios quedó atrapado en una cuando bajó a la tierra. Por supuesto, ahora algunos no estamos tan seguros de que fuera Dios, pero fuese quien fuese tenía trucos muy buenos, pero da la sensación de que habló demasiado. Cualquiera puede hablar demasiado. Hasta Leary. O yo.
Ahora es un sábado frío. Se hunde el sol. ¿Qué hacer en el ocaso? Si yo fuese Liza, me peinaría el pelo, pero no soy Liza. En fin, agarré ésta National Geographic vieja y las páginas brillan como si algo realmente estuviese pasando. No es así, por supuesto. A mi alrededor, en éste edificio, hay borrachos. Toda una colmena de borrachos de principio a fin. Pasan las mujeres caminando ante mi ventana. Emito, silbo, una palabra más bien cansada y suave como "mierda" y luego, arranco esta cuartilla de la máquina. Es de ustedes.

La máquina de follar "un mal viaje" de Charles Bukowski, publicado originalmente en "Erecciones, eyaculaciones, exibiciones y cuentos generales de locura ordinaria", de 1967

Mis pretenciones

Pretendo escribir de forma velada. Sin que nada me delate y sin que vos lo entendás.
Herejía.

Pretendo ignorar el ruido, aislarme, enfocarme, inventar una historia paralela que no me involucre. 

Puedo decir que dos almas conscientes de un universo X se encontraron de repente, o mejor, que andaban dos ciegos rumbo al abismo sin saberse acompañados. Pero ninguna de esas imágenes me complace, están vacías, se desbaratan sin más.

Me escapo entonces por la ventana, pretendo ahora ignorarme, me uno al ruido, a las montañas... Pero todas esas cosas de afuera me reflejan, ¿cómo escapar de mi mismo?, soy juez, verdugo y condenado.

El veredicto es la censura.

Pretendo ahora escribir sin sujetos, dedicarme al verbo.

Despersonalizar lo escrito, a nadie le pasa algo. A nadie en un universo X de ciegos le pasa algo, y no sabe que a nadie también le pasa lo mismo. 

domingo, 13 de marzo de 2011

Conozco tu rostro.

No te conocía, y me esmeraba poco por adentrarme en tu cabeza, aún así te desnudaste sin que vos hayás querido y sin que yo te lo pidiera.
Me as-[g]ustó ver lo que encontré, la crueldad de tu infierno en pleno, las 7 máscaras de tus demonios. Vislumbré por poco tiempo la titánica lucha de todas tus mañanas, la dificultad extrema que acarrea cargar con todo lo que vos llevás. Toda tu historia resumida en cada mirada, todos tus miedos asiéndose a cada cabello hasta conseguir darte un aspecto escalofriante, todos esos gestos dolorosos dignos de una horrorosa tortura, toda esa desesperación que te escocía.
Todo eso que sos vos y que nunca había visto me dejó atontado, me pareció estar presenciando la explosión de una estrella, o la erupción de un volcán, la extrema belleza de la destrucción máxima. No esperaba el universo nada de mi excepto ser testigo; aunque yo hubiera querido, solo por ese momento, ser tu aliado en la batalla.

Yo miraba desde la barrera, y cada vez que quise saltar al ruedo, cada vez que maldije el destino por tu cuenta, vos me devolviste, vos me condenaste a un eterno papel de espectador.
Mis palabras no sirvieron, volvieron a ser aire apenas alcanzaron tus oídos, mi magia no te ayudó, todo lo que salió de mi garganta se deshizo, no te pude dar nada.
Aún así hubo un momento en el que bajaste tus murallas, después de haberte quitado varias máscaras, después de haberte despojado de mil pieles, en carne viva te acercaste a mi. Y no tuve más que amor para arroparte.
Fuiste humilde por un rato, y yo solo estuve ahí para vos, pero después con renovado orgullo regresaste a apagar las llamas de tu infierno.

Mi sorpresa y admiración son grandes, así como es grande el deseo de que todo salga bien.


miércoles, 9 de marzo de 2011

Nada


1,2,3... 60, así pasan los minutos, de a segundos para no vivir el mundo o de a seeeguuunddooosss para burlarse del que se va muriendo poco a poco. Así también van las palabras surgiendo, haciendo de cada minuto una tortuoso eternidad engañosa o alguna realidad llena de colores, calores y sonrisas (o algún otro cliché medio evocador de buena vibra). El asunto es que no hay tema que tratar en lo que escribo aunque ahora me interese aclarar lo que creo, lo que siento o lo que experimento, pero no lo hago por la simple convicción de que el juego de palabras que me salga como manifiesto personal terminará más temprano que tarde convirtiéndose en una cárcel de aire.
Inconexo, desfasado, desconectado, caótico, así me dicta la voluntad escribir lo que sea, consciente ahora tal vez en mayor grado que antes de la inconsciencia, de la materia oscura que rodea ese pedazo de propiedad mía en el todo, ese yo infinitesimal, esa esencia inasible, innarrable, inexistente, holográfica.
Estos rastros de nada dejados por ahí rezagados, regados al azar para que cualquiera los encuentre y le digan algo, no quieren ser lo que son ahora.
Pero igual, creo que yo tampoco pedí nacer a mi eternidad.

lunes, 10 de enero de 2011

Moonlight Sonata - Beethoven

Bee


Estaba sentado en el comedor, sostenía su cabeza con una mano y con la otra un cigarrillo a medio consumir. Sus ojos reparaban en los pequeños defectos de la mesa, un nudo en la madera, una mancha de cigarrillo, otra de vino seco; todas formaban figuras caprichosas.
Cada rayón, cada lugar en el que el barniz oscuro desaparecía tenía una historia, la huella de la olla de café caliente, los pequeños círculos de pintura y cal que dejó la última remodelación, pequeños rastros del bisturí con el que cortaba el cartón para hacer maquetas.
Esa madera vivió antes de que se convirtiera en su mesa, y seguro pasó por muchas manos que dejaron algún rastro, de cierta forma sentía que su comedor no era tan suyo al fin y al cabo. Pero al menos la mayor parte de los daños le pertenecían.
Se llevaba el cigarrillo a la boca y aspiraba pequeñas bocanadas de humo, suficientes para luego hacer aros que se formaban y desaparecían cuándo les daba la gana.
La efímera existencia de esos anillos de humo le hacía pensar en las innumerables posibilidades del caos, en los infinitos destinos que podía tener esa noche si se hacía autómata de la ciudad, en baños de moteles desconocidos para despertar a la mañana siguiente.
Cuándo terminó de fumar sacudió las cenizas de la mesa y se levantó. Hacía ya dos cigarrillos que la música no sonaba y todavía no se le ocurría que poner. ¿Qué canción escuchar cuándo no se quiere estar en silencio, y aún así cualquier ruido es molesto?, Sin duda esa canción tenía que ser de un sordo.

sábado, 8 de enero de 2011

La gran Puta

"LA PUTA, LA GRAN PUTA, la grandísima puta, la santurrona, la simo-níaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó a Cons-tantinopla y bañó de sangre a Jerusalén; la que exterminó a los albi-genses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de heren-cias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristo loco el ra-bioso y a Pedro-piedra el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y exige libertad de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la calum-niadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contu-maz, la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antise-mita, la esclavista, la homofóbica, la misógina; la carnívora, la carnicera, la limosnera, la tartufa, la mentirosa, la insidiosa, la traido-ra, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la in-consecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida; la travestida, la mamarracha, la maricona; la autocrática, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la ro-mana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, de Carlomagno; la solapadora de Mussoli-ni y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretri-ces, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pen-dientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar."(extracto de "La puta de babilonia" de Fernando Vallejo).


¿Algo mejor para empezar el 2011?